Eduardo Galeano, la memoria del presente

Los ex mineros reconvertidos en guías suelen detenerse a pijchar coca a las bocaminas del Cerro Rico con los grupos de turistas e introducirlos solemnemente a la visita a las entrañas de la hermosa montaña de “gran estruendo” (Potocsi en quechua) con estas palabras: “aquí como escribió Eduardo Galeano nació el capitalismo”. Ni la muerte de Galeano podrá cambiarlo.Eduardo Galeano

Galeano se habría alegrado mucho al saberlo. Él conocía a Bolivia, conocía a los mineros bolivianos y había bosquejado uno de los mejores retratos de Domitila, representada como una mano de mujer levantada contra el miedo en los socavones. Habría alegrado al autor de Las venas abiertas de América Latina que en un prefacio expresaba la satisfacción de haber visto su obra caminar sola, debatida en los buses y trenes por la juventud del mundo. Y así seguirá.

Las “Venas” y Patas arriba, junto al Manifiesto de Marx y Engels y El Saqueo de Bolivia de Marcelo Quiroga Santa Cruz, siguen entre las pocas publicaciones políticas que puedes encontrar en cualquier puesto de libros del país. Con estos escritos nos descolonizamos, nos aprendimos a querer no solo como victimas maltratadas de una historia donde “el desarrollo desarrolla subdesarrollo”, sino como posibles creadores de un mundo diferente. Un mundo donde el Futbol a Sol y Sombra no sea una pasión hostigada por la consciencia y el mercado, sino vuelva a su origen auténticamente popular de cosa de migrantes, círculos de proletarios, socialistas y anarquistas.

Del periodista, escritor, historiador, luchador social y víctima de más de una dictadura, en una palabra de Eduardo Galeano no nos harán falta sus obras, por lo menos las que ya vieron la luz. Nos faltarán sus columnas por los desaparecidos de Ayotzinapa, su firma elocuente a la petición popular que exige a Obama de retirar sus amenazas a Venezuela y América Latina, su aumentarle el adjetivo “robado” al Libro del Mar que Evo le obsequió. Nos hará falta la voz autorizada que amplificaba las voces de nuestras luchas, sus muy actuales advertencias a los gobiernos progresistas latinoamericanos que no conviertan el poder en un violín “que se toma con la izquierda y se toca con la derecha”; nos hará falta el compañero.

El suplemento especial de un diario nacional (Opinión) titulaba hoy “la memoria de América Latina y la consciencia de Europa” sobre las fotos de Eduardo Galeano y Günter Grass, ambos muertos en estos días. En cierto sentido Galeano fue las dos cosas: la memoria de América Latina, de su descendencia colonial que reverbera en su condición de rezago y en la consciencia sucia de Europa. Pero Galeano era un socialista, un antiimperialista y anticapitalista: él era la memoria del presente y de la actualidad de estas batallas de las cuales depende el futuro de la humanidad.

Quien haya encontrado estas líneas buscando de la vida de Galeano, lo invitamos a leer su obra, empezar así su aprendizaje político y social, para encontrarse un día en su propio Cerro Rico y a su propia guía que le dice “aquí como escribió Galeano nació el capitalismo”, responderle “aquí lo enterraremos”. Adiós, hasta siempre Eduardo Galeano.