¿Como será una Bolivia socialista?

Dicen que la “década de oro” ha sido solo para unos cuantos: es mentira. Estos últimos años levantados en contra de casi dos siglos de independencia han demostrado que si queremos agua, electricidad, acceso a las telecomunicaciones y el transporte, no tenemos más caminos que quitar estos servicios al lucro privado. Y este no es que un pequeño ensayo de lo que podría ser y será una Bolivia socialista.

De donde partimos

Aunque economistas liberales digan aterrorizados que ya somos un país socialista, esto no es cierto. La cantidad de personas que viven en condición de bolpobreza extrema se ha reducido a la mitad de lo que era en 2005, pero tenemos todavía a dos millones de bolivianas y bolivianos que no pueden satisfacer ninguna de las necesidades básicas. En total casi la mitad de nuestra población vive, o trata de sobrevivir, con ingresos inferiores al Salario Mínimo Nacional. Medio millón de niños, niñas y adolescentes trabajan, entre ellos unos 150 mil tienen una edad inferior a los 11 años. Un alarmante informe presentado por una ONG cristiana en 2012 a la presencia de funcionarios del Ministerio de Salud señalaba que una cifra de aproximadamente 17mil niños mueren cada año por tasas de mortalidad infantil que son las más altas de América Latina. Y estos son solo algunos, y ni siquiera todos los peores, de los problemas sociales que todavía tenemos.

No hay razón alguna para que seamos un país pobre. Nuestra tierra es rica de recursos naturales, minerales, hidrocarburos, grandes extensiones para cultivar y potencialidades humanas que se expresan en el trabajo, en la inventiva del minero o del fabril para resolver las limitaciones tecnológicas en que se desenvuelve como en la sabiduría del campesino-indígena que moldea sembradíos hasta en montañas inaccesibles. No hay más razón que el sistema en que vivimos para que este pueblo trabajador sea apartado de los inventos que han facilitado y prolongado la vida en los países industrializados.

La riqueza y sus padrones

Decimos que en la última década la riqueza se ha redistribuido, pero la realidad es que se ha multiplicado, es decir ha aumentado para todos en base a lo que teníamos antes, entonces  de manera desigual. Por ejemplo: en 2000 el ingreso bruto disponible nacional destinado a la remuneración del trabajo era de poco menos de 19 mil millones de bolivianos, o sea un 34% de toda la riqueza del país. En 2012 las remuneraciones sumaron 47 mil millones de bolivianos, más del doble que antes, sin embargo bajaron al 25% de la riqueza del país. ¿Cómo pasó esto? Porque se multiplicó también las ganancias empresariales y como estas ya eran más crecieron más.

Y esto se refleja también en la estratificación de las cuentas bancarias. A junio de este año se calcula que 25 mil millones de bolivianos – el 75% de todo el dinero depositado en los bancos privados – están concentrados en apenas 3.702 cuentas superiores a medio millón de dólares. No era así antes: en 2004 había solo 438 cuentas superiores a medio millón de dólares y concentraban “solo” 4 mil millones de bolivianos. Hay más ricos y son más ricos que antes. Un poder económico tan grande es un estorbo en una sociedad digna pero pobre, es fuente material de corrupción que no es más que expresión de su lucha por convertirse de poder económico a poder político. Por esto decimos que sumar a estos nuevos ricos al proceso no está bien, no es “estratégico”, es prólogo de la derrota.

El socialismo y los servicios

La riqueza producida en el país en el solo 2013 ascendió a 30 mil millones de dólares. Es riqueza producida por las trabajadoras y los trabajadores de la ciudad y el campo, que pero de esta reciben menos del 10% en obras, salud, educación, vivienda y demás gastos sociales que son necesarios a mejorar su condición de vida. ¿Por qué? Porque de aquel monto hay que descontar el lucro del capitalista y el sueldo que este paga a sus esbirros, al capataz, al militar, al juez que mantienen este orden de la explotación, así como al cura y al medio de comunicación para que nos consuelen o nos muestren una realidad distinta de la que vivimos.

En el socialismo en cambio la producción está destinada a satisfacer las necesidades humanas y no a agrandar cuentas bancarias. Acabando con el sistema capitalista en poco tiempo podremos acabar con la hambruna, dotar de electricidad a aquel 20% de los hogares que no la tienen, de agua y sanitarios al 33% de los hogares que no cuentan con estos servicios y de una vivienda a los centenares de miles de hogares que no se la pueden permitir. Habrán realmente recursos suficientes para universalizar el derecho a la salud sin que las consultas externas generen susceptibilidades en las cajas por el hacinamiento que provocan. La educación será igualitaria y de calidad porque tendremos los ítems para que cada profesor pueda realmente interesarse de sus diez alumnos, para los cuales el transporte como los libros serán totalmente gratuitos.

La política y la economía

Y todo esto no será porque hay un partido político que lo propone, sino porque al liberarse del fardo de la propiedad privada y al establecer la propiedad colectiva de los medios de producción, de los bancos, el latifundio y las grandes empresas, seremos nosotros mismos, trabajadoras, trabajadores y el pueblo pobre quien decidirá de como multiplicar y utilizar sus recursos. Como siempre en cualquier parte del mundo la humanidad se haya levantado para tomar en sus manos las riendas de su destino, las elecciones serán de lo más fácil. En cada barrio, sindicato, comunidad nombraremos delegados en asamblea, para que nos representen en la instancia superior, recibiendo el mismo salario de un trabajador y pudiéndolo revocar en cualquier momento, así acabarán las pugnas de poder que hacen un desierto en las organizaciones.

La economía crecerá como nunca antes generando empleos de calidad y con seguridad social para todas y todos, porque riquezas antes despilfarradas o acaparradas por individuos volverán a la producción. La planificación democrática, sin dirigentillos que pretendan convertirse en privilegiados, hará imposible la crisis. Hoy por ejemplo si el precio de la soya se disparara aún más,  todo el mundo, incluso los ganaderos se pondrían a producir soya, lo cual en el capitalismo es un derecho que tienen. Y cuando mañana habrá tanta soya que el precio caiga, nos despertaremos que tenemos tanta soya y ni una cabeza de ganado, y es así como la carrera al enriquecimiento individual en el capitalismo provoca la crisis.

La relación entre campo y ciudad será finalmente equilibrada. Hoy la cosecha de papa de un pequeño campesino no le alcanza para sobrevivir y muchos emigran. ¿Por qué? Porque el precio del alimento debe ser bajo para que en la ciudad pueda comprarlo la familia trabajadora cuyo salario es igualmente bajo para que sobre este lucre el capitalista. En el socialismo en cambio el comercio entre campo y ciudad permitirá que quien venda productos agrícolas pueda conseguir el dinero para comprar los productos industriales que mejoren su vida y viceversa. La planificación de la producción agrícola permitirá aprovechar las técnicas campesinas que, como lo demuestran estudios, logran mayor productividad que el latifundio que usa transgénicos y químicos, y así se preservará la naturaleza. La autonomía indígena será finalmente plena, real y absoluta porque la emancipación indígena solo puede florecer en la lucha por la emancipación de toda la sociedad.

Nuevos valores

De hecho el socialismo no es solo un programa económico o político, es un horizonte de liberación humano. En esta sociedad vivimos separados deboliviasocialista nuestra propia existencia. No trabajamos para sentirnos realizados, sino para la realización de un puñado de ricos que nos imponen sus sistemas de valores. El desprendimiento de nuestros sentimientos, la competencia y el impulso social a triunfar, nos hacen más productivos pero más frustrados, más solos. Y esto no solamente en los países industrializados donde el capitalismo ha traído una pandemia de neurosis y esquizofrenias, sino aquí también donde tantos de nuestros jóvenes se echan a perder o se suicidan sorprendidos por un desamor o un fracaso.

Ahogamos en el alcohol, que inunda también nuestras expresiones de cultura y música popular, una vida de la cual no somos ni dueños ni conscientes, así como indios en las minas coloniales. En Bolivia cada persona consuma una cantidad doble de alcohol que en el resto de América Latina y, como recordó el ministro Romero, “el consumo de alcohol incide en la elevación de los niveles de violencia doméstica contra mujeres y niños”. Entre los humos del alcohol hombres deshumanizados reproducen la misma subordinación y alienación en que la sociedad los condena, como contra cosas, como cosas son ellos, como las siluetas de mujeres que en los medios se muestran para vender mercancías, convirtiendo en mercancía al cuerpo de la mujer.

Utopía y realidad

El socialismo triunfará sobre todo esto porque no siempre ha sido así y lo que nace antes o después debe morir. Para los escépticos, los intelectuales posmodernos y los reformistas el socialismo sería una utopía, para corregir la cual proponen la utopía de convencer al capitalista nacional y extranjero a colaborar a la justicia social, más o menos como pedir al león de ser vegetariano. La realidad es que el socialismo científico no se propone nada más de algo que ya está en la sociedad. Nunca se vio al “sr. Glencore” trabajar dentro de sus minas, pero estas van. Tampoco se le vio al “sr. SAO” producir aceite, o a los dueños de los bancos atender en ventanillas. Es que los medios de producción que estarán al servicio de la sociedad, pues ya son de trabajadoras y trabajadores, que lo hacen funcionar sin dueños. Y es esta contradicción profunda la que provoca los levantamientos que vimos y vivimos y que para los escépticos serían imposibles.  Y cuando habremos demostrado al mundo que dueños y caudillos no sirven no deberemos temer la venganza del imperialismo porque será el imperialismo que deberá temer la venganza de su pueblo.

De motivaciones para ser marxista en un país como el nuestro hay de sobra. Están en los ojos que cruzamos cada día de quien limosna, del niño, del hombre o la mujer que trabajan. Y están también en el vacío que a veces uno siente y que solo puede ser colmado por otro, aquel otro al que la miseria injustificada y la sociedad donde vivimos nos llevan a ver como un adversario. La militancia socialista te invita a recuperar estas motivaciones, a recuperar con ella nuestro sentido de ser humanos.