Chistes que no dan risa y la vida privada de una Ministra: ¿este es el problema?

Hay una pregunta en el título de esta nota a la cual queremos responder de inmediato: no, el problema no son ciertos chistes infantiles y conservadores de Evo – y las risas serviles que siempre lo gratifican – ni su réplica manierista y aún menos hilarante de Álvaro, ni la incómoda posición en que, a pesar suyo, se ha encontrado la Ministra Campero.

En el aniversario de Potosí Álvaro ha aconsejado a la Ministra Campero de casarse antes de tener hijos. En su disculpa ha afirmado de querer proteger a las mujeres: ¿no es acaso esto lo mismo que cada padre le dice a su hija? En el aniversario del Beni Evo ha aludido a la posibilidad que la ministra sea lesbiana. Luego ha esbozado una disculpa que disculpa no es porque, dijo, preguntar sobre la orientación sexual no es ofensa. Y es así de hecho, pero si no es en la alusión a algo considerado “anormal” ¿dónde estaría el efecto “cómico” buscado? A la Ministra queda el consuelo que los aniversarios departamentales, por este año, han acabado.

fbcamperoLa respuesta de Campero, en las redes sociales, encierra el corazón del problema. Reafirma el principio general de la lucha al machismo y toda forma de discriminación y, al mismo tiempo, para no dar pretextos a la oposición, acepta las “disculpas” de Evo, que además nunca se refirió a ella, de una manera que parece más quererlo disculpar en nombre de los “triunfos obtenidos a favor de la mujer en estos últimos diez años”. Así dice dos cosas que ayudan a entender el contexto: en primer lugar que no hay triunfos de las mujeres, de su propia lucha; en segundo lugar que nunca los habrá porque donde hay triunfo acaba el juego.

Para dar el justo peso a estos “triunfos” es necesario establecer un criterio, o se termina en una lista de compras apenas buena para la propaganda. Este método no es solo la medición del impacto inmediato de las mesuras “a favor de la mujer”, sino su repercusión sobre el fortalecimiento de la organización de las mujeres y de su lucha al patriarcado. Es un criterio válido no solo para los marxistas, que luchamos por una sociedad donde la humanidad tomando en sus manos las riendas de su destino pueda desplegar todo su potencial. De hecho si tenemos tanta socialización de los derechos de las mujeres es porque sin su participación directa ninguna ley que pretenda beneficiarlas o protegerlas tendrá éxito.

De temas como la insuficiencia de la legislación contra la violencia de género ya escribimos. Por lo demás el resultado de los últimos diez años es que hay más mujeres como la Ministra Campero en la política, gracias a plazas reservadas y otras normas; pero una sociedad que se ríe de los chistes de Evo o Álvaro porque, por ejemplo, la brecha entre el salario de una mujer y el de un hombre en todos los sectores se ha incrementado del 153% (Fuente: INE) y el porcentaje de mujeres sobre el total de afiliados a las AFPes es solo del 36% (Fuente: APS).

Ha mejorado, no suficientemente ni en todo el país, la atención pre y post parto, tenemos bonos en especie y dinero a las madres y normas que protegen a las madres trabajadoras. Pero aun defendiendo estas conquistas sociales no debemos olvidar que la mujer no es solo madre, más bien la reducción de la mujer a madre es el pilar ideológico del patriarcado. Los chistes de Álvaro no son “incidentes” que caen de la nada; reflejan el enfoque conservador del gobierno a la familia. Sus disculpas hubieran sido serias si comprometía una acción legislativa a favor del aborto o por lo menos dirigía las mismas recomendaciones a los hombres.

En las organizaciones de masas propias de las mujeres, como las Bartolinas por ejemplo, la situación es de parálisis y divisiones, ni hablar de los sindicatos donde las mujeres comparten la afiliación con los hombres. A esto ha contribuido la lógica del poder que, como cualquier poder que no se base en la abrogación de las clases sociales, es patriarcal, es decir está fundado en una división del trabajo en que la mujer sostiene todo el peso de la apropiación individual de la riqueza social, asumiendo las labores más descalificadas, el trabajo doméstico y el papel de reproductora del patrimonio familiar y de la fuerza trabajo.

El dilema que incomoda a la Ministra Campero – decir lo que se debe sin ser instrumento de una oposición orgánicamente incapaz incluso de las tímidas reformas actuales – es solo un pálido reflejo del de muchas mujeres. Se trata, sin embargo, de un falso dilema si es que solo sirve a hacer perder de vista el principio general: la lucha viva e independiente de las mujeres trabajadoras organizadas es el único remedio al patriarcado; los triunfalismos son el peor enemigo de esta lucha.