El aniversario potosino de un MAS militarizado

A los más ancianos la cuidadosa vigilancia militar del aniversario de Potosí ha recordado los tiempos cuando esta batallera ciudad era frecuentemente “visitada” por el ejército. La oposición sigue especulando sobre esta analogía que es solo visual, y habla de un 10 de noviembre militarizado; pero la realidad es que militarizado, es decir pura fuerza sin consenso, ha quedado el MAS, enfrentado por primera vez a un proyecto popular engañoso pero autónomo y con una real base de masas.

a23La Gobernación y la Alcaldía han tenido que dejar los festejos a los dirigentes de COMCIPO. Solo las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y las instituciones estatales, donde ser o aparentarse masista es todo lo que sirve a un buen currículo, han participado de un programa oficial adelantado para evitar de mostrar públicamente su fracaso. Militares antimotines han presidiado la jornada, abucheados cada vez que se podía por los abanderados potosinos que llegaban a la plaza central acompañándose con el grito “Potosí federal”.

García Linera ha esbozado una paternal disculpa al pueblo potosino tan insípida como la disculpa a la ministra Campero, que, dijo justificándose, había aconsejado de casarse antes de tener hijos para “proteger a la mujer”, es decir exculpar la irresponsabilidad y el machismo de los hombres. Él, que en el exterior advierte a la izquierda latinoamericana de haber remplazado la lucha hegemónica con el “obrismo” (la entrega de obras más o menos útiles), no ha encontrado nada mejor que repetir la letanía de las inversiones públicas en el departamento. Datos y cifras soltados con la solemnidad de un niño autístico que representan chispas de un corto circuito del cual el MAS no logra salir.

El Vice ha entregado 72 ambulancias para Potosí, por un costo total aproximado de 6 millones de dólares. Por misma admisión del gobierno este monto es más o menos lo que sale mensualmente de la sola capital departamental en exportación de minerales. Además la entrega de ambulancias no cambia el hecho que un enfermo que requiera este servicio, sea del campo o de la ciudad, asegurado o no, debe pagárselo por su propia cuenta. Así que no pueden sorprenderse si, en vez del agradecimiento, avivaron el empute.

Caminos, hospitales, coliseos y colegios el gobierno, bien o mal, ha comprometido y realizado en Potosí. ¿Por qué ya no le rinden políticamente? Porque el gobierno insiste en las infraestructuras cuando el pueblo pobre, de manera contradictoria e incierta, cuestiona la estructura social: quien se apropia de la riqueza departamental; porque estas obras o son extemporáneas – y entonces se les ve como afiches electorales – o cuando son parte de un plan hablan de rentismo: Potosí exportadora de energía (el último mantra), o sea productora de desarrollo ajeno y subdesarrollo local. Finalmente porque en la explosión social de hace unos meses lo que ha quedado en claro es que el MAS aquí ya no es la herramienta de las luchas populares que existen, y esto no se repara con obras.

La dirigencia de COMCIPO y las opciones políticas que la rodean no tienen en realidad nada mejor que ofrecer. Si el gobierno nacionalizara las grandes multinacionales mineras del departamento bajo la administración de los propios trabajadores, y dejara que estos, junto al pueblo organizado en Asambleas Populares, definieran el camino a seguir, de esta dirigencia cívica no quedaría piedra. Es el propio gobierno que está condenando al pueblo a hacer experiencia del engaño federalista que quiere decir guerra entre pobres y entreguismo a las multinacionales, como el que planean los asesores de COMCIPO en cuanto al litio, camuflándose detrás de la mayor participación departamental en este negocio.

En ciertos aspectos Potosí va por delante de la coyuntura nacional. Aquí el hecho de participar al crecimiento de Bolivia solo como exportadores de mano de obra, la informalidad del empleo, la extrema pobreza de la gente combinada a la extrema riqueza de la tierra, y la dependencia de la minería, han hecho estallar un movimiento social que, utilizando las ambiciones de la dirección cívica para expresarse, ha acabado por colarse a esta.

Privatizadores seriales como Doria Medina, que llegó para el desfile, tratan abrirse espacio, pero para hacerlo deben ir por detrás de los cívicos, que no parecen dispuestos a despilfarrar su capital político con personajes tan cuestionados. Miran al eje Patzi, Revilla y eventualmente Costas para dar una proyección nacional al federalismo. COMCIPO representa una opción nueva, que ha surgido casi de la nada rechazando ser “derecha” y canalizando la rabia popular en un proyecto federalista contrario al mismo pueblo pobre y trabajador que lo sostiene. Y a un MAS pequeño no le queda que hacerse, peligrosamente, escoltar con militares. De no darse el giro a izquierda necesario, este es más o menos el escenario nacional futuro, ya sea al año, en 2020 o, si llegan hasta ahí, en 2025.

Por esto lo que más caracteriza hasta hoy la situación política en Potosí es la ausencia de una iniciativa autónoma de la clase obrera. La burocracia de la COD va a la cola del MAS que a su vez es el factor determinante para mantenerla prorrogada en sus funciones. Con su organización tradicional enyesada, el movimiento obrero de base es privado de su propio horizonte político y acaba por pagar los efectos de la crisis, como en Tres Amigos. Un equilibrio precario que no podrá durar mucho.

Para los revolucionarios, jóvenes, obreros e indígenas, es este el terreno de la lucha a las pequeñeces que abundan en la política local: por la independencia de los sindicatos y una autónoma estrategia de la vanguardia obrera para que el desarrollo de nuestra tierra podamos decidirlo en la más elevada forma de democracia, la democracia obrera, y lo hagamos pagar a multinacionales y grandes empresarios que nos siguen saqueando.