Alexander y el cinismo, de la sociedad y la política

No conocemos otra forma de manejar la inquietud que sentimos al escribir estas líneas que empezando por confesarla: si hay un donde nunca quisiéramos estar es en el lugar del médico que ha encontrado los indicios de violencia, posiblemente sexual, en el cuerpo muerto de un niño de ocho meses, Alexander; si hay un momento en que más necesitamos ver a nuestros hijos, pareja y seres queridos es cuando en la forma más brutal el mundo se convierte en el tiempo del miedo.

Reaccionamos como todos, porque los revolucionarios no somos exaltados que enaltecen la Historia y la Ideología, así en mayúscula, y sus designios por encima de la vida. Reaccionamos diferente porque mientras otros trancan las puertas y encienden la televisión esperando que alguien más exprese el general deseo de remoción con palabras de orden y venganza, nosotros salimos a la calle a ver cómo y porqué el mundo se ha embrutecido tanto y, sobre todo, como cambiarlo.002727 600

Alexander era un niño de 8 meses, transcurridos en el orfanato Virgen de Fátima de La Paz. Cuidado por una joven madre substituta de 19 años, que ahora desde la cárcel asevera de haber sido contratada como educadora (para niños mayores de 5 años), sin competencias para atender a infantes. El pasado jueves 13 de noviembre Alexander es trasladado al Hospital del Niño con crisis respiratorias. Por falta de espacio lo llevan al Hospital Juan XXIII donde la revisión médica evidencia signos de violencia y posible violación en su cuerpo. Ahí muere a las 18:30 del mismo día. Dos enfermeras y la madre substituta están en la cárcel acusadas de infanticidio. Dos médicos, una enfermera y un estudiante están con medidas sustitutivas acusados de encubrimiento.

Ya de por sí la atrocidad de la muerte de Alexander era suficiente a perturbar la opinión pública. A esta se han sumado las acusaciones del gobierno al primer equipo de fiscales que habría descartado la hipótesis de violación y las huelgas en el Hospital del Niño y la Facultad de Medicina de la UMSA contra la detención de personal en salud. Por último, diputados, chacales con un curul o en búsqueda de uno en las venideras elecciones subnacionales, han dado el tiempo a la macabra sinfonía de la venganza: pena de muerte, cadena perpetua, castración química, amputación del miembro a todos los violadores de niños, niñas, adolescentes y mujeres.

Hay una cosa simple que no escuchamos: Alexander no fue victimado, Alexander ya era víctima. De  la pobreza, de las deficiencia de la salud y de la justicia. Alexander podría haber sido adoptado y vivir feliz su vida. O podríamos haberlo visto a sus 10 años trabajar o tocar las ventanas obscuras de vagonetas para limosnear. Y a sus 14 años ir a una cárcel de menores por haber intentado romper aquel vidrio. Esta es la realidad que nuestra sociedad considera normal, como para sancionarla en una ley, el Código de la Niñez. Y es esta sociedad que exige violencia como justicia para un niño muerto violentamente, cerrando sus ojos a la vida violenta de centenares de miles de otros, es esta sociedad que produce víctimas y arma a sus asesinos que merece ser condenada a muerte porque no hay rehabilitación posible que la recupere a la humanidad.

Existen decenas y decenas de estudios científicos que resaltan que la pena de muerte y el endurecimiento de las penas no sirven como disuasivo, sino a empujar una avalancha de brutalidad que arrolla a la sociedad misma. Existen pruebas que en todos los países que han renunciado a la pena de muerte los índices delictivos han bajado. Existe toda una escuela, liberal, del derecho que demuestra que el verdadero disuasivo no es la dureza del castigo, sino la seguridad de recibirlo. Existe el marxismo que revela el contenido de clase de la justicia, arma de la clase dominante para extender su dominio y expresión de la falsa moral de la sociedad capitalista, donde la igualdad es para las mayorías solo “libertad” de ser explotados.  Sin embargo todo esto no se vende en los medios y no es dinero fácil en política. Y cuando también la izquierda abdica al trance emotivo, incluso sectores de la verdadera sociedad, la clase trabajadora asociada en el laburo para construir destinos colectivos, son objeto de la manipulación de los medios y del miedo.

El cuerpo de Alexander es leña al fuego de la alarma social sobre feminicidios y casos de violencia contra mujeres y adolescentes. El propio Evo Morales se vio obligado a referirse a esto en el acto de promulgación del nuevo código familiar. Dijo que estos casos de violencia estarían en realidad bajando, solo que ahora se denuncia más. Con la misma lógica puede decirse que la protección de la ley está aumentando el número de las victimas denunciantes, pero no disminuye la cantidad de  violadores. Y no podrá hacerlo hasta cuando las mujeres no tengan los mismos derechos laborales, económicos, a la socialización del trabajo doméstico etc. que imponga a los hombres repensar su hombría. No podrá hacerlo hasta cuando el cuerpo del hombre pertenezca a él y el cuerpo de la mujer pertenezca a la sociedad, es decir a los hombres, tanto que si la madre de un Alexander decide abortar para no entregar su hijo a sus asesinos, es ella misma una asesina.

Triste ironía, Alexander en griego antiguo quiere decir “defensor de los hombres”, y no tuviste quien te defienda de ellos. Nosotros también queremos vengarte. Naciste de una Bolivia enferma e impotente, es decir socialmente incapaz de mayor desarrollo, que, junto a nuestra clase obrera, juventud y movimiento campesino revolucionarios, pondremos finalmente en su lugar en el basurero de la historia. Adiós hijo.