Balance de y entre elecciones

Como previsto, Evo Morales y el MAS han nuevamente arrasado en las elecciones del 12 de octubre, sentando las bases para llegar a más municipios y gobernaciones en los comicios de 2015. El matutino británico The Guardian, hace un tiempo de área laborista y ahora orientado a los Liberal Demócratas, ha publicado un artículo con el título “Evo Morales demuestra que el socialismo no destruye la economía”. Dirigentes de la izquierda internacional como Pablo Iglesias, del PODEMOS español, asumen el gobierno boliviano como modelo de democratización de la economía y disciplina de los mercados financieros. A nivel nacional e internacional Evo Morales parece meter de acuerdo a moros y cristianos, pero: ¿es realmente así?

Los marxistas votamos y llamamos a votar por Evo Morales. No lo hicimos para defender un resultado que nunca estuvo en discusión, sino para concentrar fuerzas dentro y fuera de la arena del MAS en una batalla contra la colaboración de clases que hoy abre el partido nacido de las luchas populares a los mismos adversarios latifundistas y burgueses de aquellas luchas. Creemos que los resultados electorales dan razones de estos planteamientos.

Los elementos de la victoriaevo-morales

Evo Morales es reelegido por 3.053.846 electores (201.870 más que en 2009), que representan el 61,04% de los votos válidos emitidos. El MAS confirma los dos tercios en la Asamblea Legislativa Plurinacional, con 88 diputados y 25 senadores, solo un senador menos que en 2009. De las 63 circunscripciones uninominales, el MAS conquista 49 en prácticamente todo el territorio nacional, incluso en el Beni, único departamento ganado por la derecha. Los votos válidos en estas elecciones han sido el 82,34% del padrón electoral. Un total de 970.706 electores habilitados, han desertado el voto, ausentándose, anulando la papeleta o, en mayoría, dejándola en blanco. En términos absolutos y en porcentaje estas abstenciones son el doble de 2009.

Alrededor de 854 mil preferencias a Evo Morales no se han ratificado en el voto al MAS en la franja uninominal. Aunque hablamos del 15% del electorado, se trata de una disminución muy significativa con relación tanto a 2005, cuando los votos cruzados fueron 909.529, como a 2009, cuando poco menos de 1,2 millones de votos a Evo Morales no fueron confirmados por el voto al partido. Por sobre todo estos votos han sido en la casi totalidad de los casos irrelevantes al fin de determinar el triunfo de los candidatos del MAS, señal que el partido tiene muchas más raíces y estructura a nivel territorial, pero también divisiones internas.

Pese al aumento de votos en términos absolutos, el MAS reduce levemente el porcentaje de su caudal electoral con relación al 2009. Esto se debe al incremento del padrón electoral, con poco menos de ochocientos mil nuevos electores principalmente jóvenes, y a los 124.633 votos perdidos en La Paz, Oruro y Potosí, departamento este último donde la derecha elige un senador y dos diputados por primera vez en los últimos años. Un resultado negativo que es producto de la alianza con el ex alcalde opositor de la Villa Imperial René Joaquino, el elevado nivel de abstención del voto (21%, el más alto del país) y a los efectos de la lucha regional que no encontró en el MAS canales de expresión.

¿Un “nuevo MAS”?

En estas elecciones la abstención del voto para legisladores en las áreas rurales y los distritos mineros del país fue superior al 30%. La fuerza principal del MAS se concentra ahora en el voto urbano. Tomando como referente el voto en la franja uninominal, las preferencias al partido en las cuatro principales ciudades del eje troncal (La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz) suma más de un tercio del caudal de las papeletas a favor del MAS. Politólogos como Walter Chávez atribuyen esto a un viraje “al centro” de Evo Morales, que le habría permitido seducir al electorado cruceño, la muestra más adversa del electorado urbano, haciendo a un lado antagonismos y confrontación de las primeras gestiones.

En cambio, a bien mirar los datos de Santa Cruz capital, el MAS pierde en las circunscripciones donde ha sumado fuerzas de centro y derecha. Sobre todo pierde en las circunscripciones que corresponden a la mayor concentración obrera de una ciudad con problemas que deben ser afrontados desde una perspectiva de clases, algo para tomar en cuenta para el debate sobre las elecciones locales venideras (véase el cuadro). Las clases medias han sido seducidas por la estabilidad económica y política seguida a las nacionalizaciones y la masiva participación popular. Esto permite colocar a un nivel más avanzado la lucha por extender las nacionalizaciones sobre la base democrática de la administración obrera y campesina. La conciliación entre intereses antagónicos hace en cambio vacilar las nacionalizaciones, la participación de las masas y la estabilidad del apoyo de clase media. Sin embargo es esta última, la conciliación de clases, el eje del próximo gobierno.

La bancada parlamentaria del MAS contará por primera vez con un puñado de dirigentes de la COB. A su lado los demás representantes populares y un discreto grupo de latifundistas, empresarios, tránsfugas y arribistas políticos, cuya presencia ha resultado en unos casos negativamente decisiva y en general explica la reluctancia al voto en la franja uninominal de importantes sectores obreros y campesinos. No es un fenómeno nuevo, sin embargo ahora adquiere un valor adjunto con la cantidad de “pactos productivos” entre el gobierno, la oligarquía y las multinacionales. La cantidad se vuelve calidad: la bonanza económica que permitía redistribuir riqueza mientras crecían también los lucros, se convierte de medio a fin de la estabilidad política.  

Nuevos retos

Para erradicar la pobreza y garantizar a sus habitantes un nivel de vida adecuado, Bolivia necesitaría décadas de crecimiento económico superior al 6%, con políticas sociales redistributivas. Incluso un gobierno como el del MAS que, socializando parte de los lucros privados, ha sido determinante para reforzar el mercado interno y la infraestructura productiva, necesita, en régimen de mercado, de quienes luego invierta y de funcionarios públicos que ejecuten el presupuesto público. Esto es aún más cierto ahora que los vientos de cola a nivel internacional se apagan. Por esto junto a la colaboración de clases en campo económico, el gobierno busca modernizar el aparato estatal, reconociendo los méritos por encima de la filiación social y política, como se deduce por ejemplo de las críticas al sistema judiciario y al TSE. Así el gobierno se independiza aún más de los actores sociales y de su propia base, que, en cambio, pide tierra, estabilidad laboral, vivienda, salud, etc. 

Las elecciones han demostrado que las contradicciones fundamentales siguen moviéndose bajo la superficie, desarrollando no los desprendimientos que esperaban tanto la derecha como la ultraizquierda, sino las tensiones contra la colaboración de clases internas al proceso, que serán el natural escenario de la lucha de clases. Esto ocurre tanto en el terreno electoral como frente a las primeras muestras del cambio internacional. La COB se predispone a afrontar la crisis que ya azota el sector minero enmallando en negociaciones al vértice los casos más expuestos, renunciando así no solo a la consigna de la nacionalización sino también a la posibilidad de agitarla para dar fuerza a las luchas campesinas por la tierra y en contra de las infiltraciones burguesas.

Debatir sobre un plebiscito electoral, que esperamos y que parece no dar lugar a ninguna objeción al “viraje al centro”, es en cambio lo que nos permite intervenir en apoyo a las bases ya en la definición de los perfiles de las candidaturas para las elecciones locales que se vienen, como con la carta abierta al MAS y su militancia potosina publicada al interior de la revista. Pero esto solo será posible a partir de cuadros educados a una perspectiva general revolucionaria, cuya formación y capacidad crítica es el prerrequisito indispensable para tejer en nuestro panorama de mucha tela.