Nota política semanal: Control Remoto y la libertad de prensa

El libro

No pertenecemos a los 500 que tuvieron acceso a la primera edición de Control Remoto. Pero gracias a la cobertura mediática recibida por este libro – raulpeñarandacobertura cuya amplitud es inversamente proporcional a la tirada de la primera edición – sabemos de qué se trata. El gobierno, precisamente un equipo armado desde la Vicepresidencia, habrían asumido el control de algunos medios de la prensa escrita y radiotelevisiva, como La Razón o PAT.

Las denuncias que reúne Peñaranda no son nuevas. Que el gobierno haya favorecido el ingreso del empresario venezolano Carlos Gil, un ex declarado antichavista reconvertido, en la propiedad de La Razón es algo que señaló en su tiempo también el entonces columnista del matutino paceño Humberto Vacaflor. Que la quiebra de AEROSUR haya sido utilizada para obligar al empresario Doher, socio de la aerolínea, a ceder la red PAT fue a su vez denunciado por Guido Nayar, ya investigado por violación de derechos humanos y por la muerte de 13 campesinos del Chapare cuando ejercía la cartera de Ministro de Gobierno de Banzer y ahora enjuiciado por ganancias ilícitas.

Control Remoto se propone dar a todas estas denuncias un carácter de investigación periodística para demostrar la tendencia totalitaria de un gobierno dispuesto a atentar a uno de los pilares de las democracias modernas: la libertad de prensa. Con esto quedaría confirmada la tesis ya planteada por Peñaranda que se estaría armando un fraude electoral, avalado ante la opinión pública por medios obedientes al poder. Una cruzada democrática la de Peñaranda que nos deja con la impresión que la derecha boliviana se prepare a repetir el mismo guion que ha llevado a las guarimbas venezolanas.

¿Libertad de Prensa?

Que exista una actitud complaciente de ciertos medios hacia el gobierno es hecho que es fácil demostrar. Pero aun asumiendo que todo el cuerpo acusatorio reunido por Control Remoto corresponda a realidad, no deja de extrañar esta defensa intermitente de la libertad de prensa. En pasado no escuchamos ni Peñaranda ni otros denunciar el monopolio de la multinacional española Grupo Prisa tanto en la información (La Razón, ATB) como en la educación (editorial Santillana). En el presente no hay investigaciones periodísticas al Grupo Líder propietario del diario de mayor circulación nacional (El Deber), de Los Tiempos, Nuevo Sur, El Alteño y otros, un monopolio construido durante los veinte años de neoliberalismo por la familia de empresarios cruceños Rivero. ¿Será que para Peñaranda el poder económico no tiene intereses políticos?

Y para que no se diga que miramos solo de un lado, tampoco hemos visto los gremios de la prensa rasgarse las vestiduras en defensa del trabajo de Wilson García Mérida, ex columnista del Juguete Rabioso, y su revista Sol de Pando, cuya circulación fue impedida en 2011 y que sin embargo sigue con investigaciones periodísticas por ejemplo sobre la presencia de multinacionales en la minería del oro en Beni, los daños que estas hacen al Estado y sus vínculos con el multimillonario Soros, a su vez vinculado a la fundación RESDAL que presidió el actual Ministro Quintana, justamente ex responsable de ADEMAF. La omisión de casos como estos en un libro que levanta la defensa de la libertad de prensa no deja lugar a dudas: lo que ofrece Control Remoto es la imagen de un periodismo que de ninguna manera puede proponerse morder la mano que lo alimenta.

¿Existe libertad de prensa en Bolivia?

El autor de Control Remoto se ha victimizado ante el show mediático de la Ministra Dávila que ha expuesto un viejo pasaporte chileno de Peñarandadavila para enseñar su libro como obra de una oscura conspiración contra el gobierno boliviano armada desde intereses foráneos. Al parecer Chile representa para la ministra Dávila un buen argumento al que recurrir a falta de otros, como ya hizo con sus no probadas acusaciones a COMCIPO, institución cívica con una posición política de la cual ya manifestamos en los hechos y por escrito nuestra distancia.

Sin embargo que en Bolivia exista libertad de prensa, en la aceptación burguesa de este derecho, lo demuestra la misma publicación del libro de Peñaranda como la existencia de los monopolios informativos que citamos anteriormente. Lo demuestra además que a otros “extranjeros” como Luis Espinal las acusaciones de no estar al servicio del poder de turno se las leían las metrallas, justo cuando gobernaban las botas militares amigas de Guido Nayar, que, por lo ante dicho deberíamos considerar por lo menos un inspirador del libro de Peñaranda.

Marxismo y libertad de prensa

No nos extrañaría si algunos desde la izquierda se hicieran eco de las denuncias contenidas en Control Remoto. Nos recordarán que Marx empezó su carrera periodística y revolucionaria con artículos en la Gaceta Renana en defensa de la libertad de prensa y contra la censura. Citarán un esclarecedor artículo de Trotsky en defensa de la libertad de prensa, que ha tenido la mala suerte de servir al despropósito de cuantos, increíblemente desde la izquierda, se opusieron a la no renovación de las concesiones al canal golpista venezolano RCTV, demostración de una actitud infantil y libresca.

Como marxista defendemos la libertad de expresión, de prensa, de asociación y todas las conquistas democráticas que permitan el desenvolvimiento de la lucha de clases a favor de la clase obrera. Pero no es esto que está en juego en Bolivia, como no lo estaba en Venezuela en el caso citado anteriormente. En juego está un mandato popular que no era ni es el de “ganarse” a como sea la “amistad” de unos medios mientras se mantiene inalterada la difusión y el poder de los grandes monopolios. En juego está que los intentos conspirativos se combaten con un programa revolucionario que movilice el pueblo pobre y trabajador contra los grandes monopolios de la información, la producción, la tierra, los bancos etc. En juego está la defensa y la lucha por este programa revolucionario.

Como escribió una vez el Marx periodista: “la primera libertad de prensa consiste en el hecho que esta no es una industria”. No solo luchamos por un periodismo libre, que no sirva a ningún intento de manipulación de la opinión pública y a ningún poder político o económico, como propone el precepto liberal que es imposible de cumplir existiendo poderes políticos y económicos. Luchamos por un periodismo que esté al servicio de la edificación del poder popular y la democracia obrera.