Las protestas por el Censo en un país a desarrollo desigual

Los resultados oficiales del Censo 2012 no dejan de generar conflictos, por las polémicas alrededor de su credibilidad y las consecuencias sobre la distribución de los recursos económicos y los escaños departamentales en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Por otro lado, aunque no genere antagonismos, está el dato más sorpresivo y tal vez más políticamente y socialmente significativo de este Censo: la “desaparición” de más de un millón y medio de bolivianas y bolivianos que se autoidentificaban con alguna etnia indígena-originaria.

Haciendo abstracción de todas las criticas al Censo, detrás de las cuales están las primeras escaramuzas del inicio de la campaña electoral, hay algunos datos irrefutables que esta encuesta entrega. Aproximadamente el 60% de la población boliviana se concentra en 22 municipios – de los 339 de Bolivia – con más de 50 mil habitantes. Más de un tercio de los habitantes de Bolivia está aglomerado en las cuatros principales ciudades del eje troncal (La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz) que pagan su crecimiento demográfico con nuevas desigualdades.

Cochabamba, Santa Cruz y La Paz atraen migración interna y al mismo tiempo son las ciudades con el mayor porcentaje de migración internacional (hasta un 27%). En la más grande ciudad del país – Santa Cruz de la Sierra – un 40% de las viviendas son en alquiler, anticrético u otra forma de arriendo. A pesar de la mejora general en el acceso a los servicios básicos, producto de las políticas sociales del gobierno, casi el 50% de las viviendas cruceñas comparten los servicios higiénicos y el 12% de las viviendas cochabambinas recibe agua de aguateros. Desequilibrios entre campo y ciudad, migración interna a favor del eje troncal, nuevas desigualdades que emergen del proceso de urbanización: esta es la instantánea del país que muestran los resultados del Censo.

Durante años y en un contexto de retirada y desarticulación de la organización obrera, muchos intelectuales han enfocado su análisis en la constitución burgués del Estado y su legitimidad dentro de una sociedad abigarrada. Mezclando conceptos marxistas al nacionalismo y el nacionalismo indianista, individuaron en la cuestión nacional la contradicción fundamental capaz de levantar el pueblo contra el dominio imperialista. La reivindicación de la identidad indígena que crecía en ausencia de otros referentes políticos y sociales parecía validar estas teorías y sus conclusiones reformistas. Este ha sido el núcleo ideológico articulador del “proceso”.

Pero ahora del Censo han desaparecido aproximadamente un millón y medio de “indígenas”, casi exclusivamente entre las grandes mayorías quechuas y aimaras, que son las más arrastradas en la urbanización y el desarrollo desigual que, en líneas capitalistas, mueve a Bolivia. El porcentaje de quienes se reivindicaban a una etnia indígena baja del 60 al 40 por ciento, invirtiendo los resultados del Censo 2001. La única interpretación de esto coherente con el cuadro general del Censo es que la “des-identificación” reivindica políticas más incisivas y audaces de combate a las desigualdades y una auténtica democracia revolucionaria.

Evo Morales ha expresado su sorpresa afirmando: “los datos anteriores eran diferentes. No sé si estamos en la etapa de desclasamiento o de una mentalidad colonizadora”. Es la admisión que no se puede mantener al pueblo en tensión con propaganda y discursos intelectuales sobre la “hegemonía”. Y si la preocupación expresada por Evo Morales tiene fundamento, cabría preguntarse entonces si las políticas centrales están ayudando o no a la militancia a fortalecer una perspectiva de clase y una mentalidad descolonizadora entre las masas, y traer las debidas consecuencias.      

El Tribunal Supremo Electoral ha entregado una propuesta de redistribución de los escaños y el gobierno ha emitido un decreto que redistribuye los recursos económicos proporcionalmente a los cambios demográficos. Esto sirve de pretexto para que la derecha que ya denunciaba la manipulación de los datos del Censo, apele al regionalismo contra el gobierno, anunciando y realizando movilizaciones en diferentes departamentos. Ante la ausencia de una alternativa real que no sea la contradenuncia del uso político y demagógico de la situación, las masas populares, las organizaciones sociales y los propios representantes locales del MAS estarán sometidos a presión por el escenario conflictivo regional que se perfila.

Como se ve del cuadro, la propuesta del TSE mantiene el carácter profundamente antidemocrático del sistema: un diputado del eje troncal representa de 2 a 4 veces el número de habitantes que en otros departamentos. Esta distribución departamental de la representación política nació como acuerdo entre las diferentes oligarquías locales que usurparon la lucha de independencia y se garantizaban así igual peso en un país grande y escasamente poblado. Hoy queda como expresión del rezago de Bolivia además de instrumento político de la derecha.

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En cuanto a la distribución de los recursos económicos el discurso no es diferente. Aunque el eje troncal acaparre el 70% de los recursos en base al sistema proporcional de repartición, si se divide las actuales transferencias del Estado a las cuatros más grandes ciudades del país por el número de sus habitantes según el Censo 2001, se obtendrá un monto per cápita de unos Bs 700 por año, que es inferior mediamente en Bs 200 a lo que captan los municipios más pequeños. Evidentemente nada de todo esto pudo frenar la migración interna y sus problemas inherentes.

El senador potosino del MAS, Eduardo Maldonado, ha criticado la propuesta del TSE por responder a un modelo de desarrollo desigual que ha fracasado. Muy cierto pero: ¿Cuál es la alternativa? El actual gobierno ha intentado como ningún otro en la historia nacional de equilibrar las diferencias entre regiones, campo y ciudades. Se han abierto caminos, postas sanitarias, construido viviendas e incluso fábricas en las áreas más pobres. Sin embargo esto no ha frenado el proceso de urbanización y de concentración de la población en las grandes rutas comerciales e industriales. En la medida que el emprendimiento privado prime en la generación de empleos y servicios, esto no cambiará. Es regla del capitalismo que concentra los medios de producción en pocas manos y la población en pocas ciudades al servicio del lucro capitalista.

En Santa Cruz el gobierno ha logrado temporáneamente desactivar el anunciado paro cívico acercándose siempre más a los sectores oligárquicos del Oriente a costa de profundas concesiones en tema agrario que dejan irresuelta la cuestión de la tierra. Se trata de éxitos efímeros ya que en reiteradas ocasiones esta estrategia ha demostrado de frenar más que impulsar el crecimiento del MAS en el Oriente, aumentando además el poder de condicionamiento de los sectores oligárquicos y empresariales en desmedro de las bases populares.

Al reclamo regional por una nueva distribución de la representación política hay que responder con una verdadera administración democrática del Estado y la economía basada en los sindicatos obreros y campesinos y las asambleas populares. A las protestas por la distribución de los recursos económicos hay que responder con la nacionalización de las principales palancas de la economía, condición indispensable para generar más recursos y planificarlos para equilibrar el desarrollo entre regiones. Solo con esta política de clase, en beneficio de las mayorías explotadas y oprimidas, se podrá contrastar realmente la demagogia de la derecha y atender las verdaderas necesidades populares que emergen del Censo.