La “rebelión” de la clase media y el nuevo Código Penal

nocodigoEs irónico que el gobierno alerte contra la conspiración después de haber reiteradamente ignorado las advertencias a no subestimar las razones y las posibilidades del paro médico.

Por más de un mes el gobierno apostó inútilmente al desgaste, debiendo finalmente ceder a todos los pedidos de los profesionales de la salud excepto el de la anulación de las sanciones a la huelga. El tiempo dirá si, como pensamos y escribimos, esta última clausula será utilizada para “sanear” el sector de sus elementos opositores. Queda ahora el surco dejado por una avalancha blanca contra la cual el gobierno se ha demostrado sorpresivamente impotente.

Por ahí va la derecha alimentando la histeria colectiva contra el Código Penal, cuya defensa se ha vuelto cuestión de prestigio, particularmente para algunos ministros y diputados del MAS.

El nuevo Código mantiene injustificadamente todo lo peor del anterior, incluso las sanciones con las cuales la dictadura se defendía de las luchas sociales. El que, a discreción del juez, fuera condenado por injuria, antes podía retractarse, ahora no, y tendrá una pena agravada si utilizó “medios de comunicación masivos”, léase: redes sociales. Y el panorama no es mejor con la retardación de justicia y su corrupción.

A los fiscales se les imponen plazos fijos eximiéndolos de responsabilidad profesional, con la consecuente posible multiplicación de errores judiciarios. Además la quisquillosa descripción del más mínimo detalle procedural, hasta como debe ser atado el cuaderno de investigación, choca con fórmulas ambiguas contribuyendo a la deshumanización de los funcionarios mientras el sinfín de sutilezas inútiles aumentará la discrecionalidad del órgano judicial y obtendrán el efecto de enredar aún más su funcionamiento.

Lo que esta norma hereda del Código Banzer la hace indefendible como reforma; lo que aumenta, como la orientación hacia la conciliación, restituye una justicia al servicio de los más fuertes; lo que calla, como la responsabilidad pública en temas como la salud o la propia administración de la justicia, marca la intención de reforzar el poder arbitral del Estado. No hay, ni podrá haber, ninguna movilización obrera en defensa de esta ley y no es casualidad que los empresarios cruceños la acepten sin observaciones.

Sin embargo mientras el paro médico, en su oposición a la que definimos la privatización de la lucha por la salud, tenía implicaciones progresistas a pesar de su horizonte gremial, las actuales protestas van asumiendo una postura reaccionaria, atribuyendo al nuevo Código Penal nada menos que el propósito de instaurar una dictadura comunista y atacándolo incoherentemente al mismo tiempo por sus escasos elementos liberales como la despenalización parcial del aborto y del consumo personal de drogas.  

Si el paro médico abrió esta brecha, es responsabilidad del gobierno por negarse a un verdadero debate sobre la salud. Si este espacio se ha ido poblando con los prejuicios de la clase media, esto no es solo mérito de la derecha, la Iglesia o las redes sociales.

En esta rebelión de la clase media confluyen diferentes factores que hemos venido señalando desde hace un tiempo: los efectos de la crisis venezolana sobre la percepción de los “procesos” latinoamericanos, la desaceleración económica y el desempleo profesional, el fallo sobre la reelección de Evo, la ausencia de una clara dirección de la sociedad, con un “gobierno popular” aliado al empresariado y movimientos sociales ensimismados y divididos entre dirigentes que buscan convencer a Evo de cambiar a ministros y bases que buscan la manera de convencer a Evo de cambiar su política, y ninguno de ellos que logra su cometido.

La volatilidad exasperada de la clase media señala justamente la búsqueda y la ausencia de referentes sociales claros mientras percibe inseguridad y la proyecta sobre la supuestamente indiscutible reelección de Evo. Indirectamente el paro médico ha demostrado que la respuesta a este escenario es reponer el liderazgo obrero y campesino que se expresó en las nacionalizaciones, pero de una manera ya no meramente simbólica o discursiva.   

Evo ha reunido la CONALCAM para legitimar la decisión ya tomada de derogar los artículos cuestionados del Código Penal y probablemente accederá a unos cambios de ministros que le piden. Sin embargo el objetivo electoral que concentra los esfuerzos del MAS y la inversión política del gobierno por el repunte económico con el apoyo empresarial, autorizan a pensar que la mayor coordinación con los movimientos sociales prepare el terreno para un viraje aún más a derecha. Moderar el programa y, tal vez, el discurso, para ir detrás de los inestables rastros (y votos) de la clase media: el recetario clásico y fracasado del reformismo.

Es la historia de este gobierno desde la parcial nacionalización hasta los acuerdos últimos con los agroindustriales orientales: entregar la victoria después a los que derrota antes. Para un campesino que sostenía a Evo ocupando tierras y se encuentra luego con una ley contra los avasallamientos, o un obrero que lo hacía conformando un sindicado que las autoridades no reconocen si no está subordinado a las directivas centrales, el dilema que esto conlleva es paralizante, como paralizadas están muchas organizaciones sindicales y sociales, particular y significativamente las que representan al mundo indígena.

No se sale de esta situación sin afirmar con claridad que la solución de las contradicciones del proceso del MAS es tarea de la clase obrera y la juventud revolucionaria organizadas. El Comité Nacional en Defensa de la Democracia (CONADE), fundado a instancia de la COB de Mitma, va en la dirección opuesta: su pronunciamiento enfocado en el rechazo al Código Penal y a la reelección separa las cuestiones sociales de las democráticas. De esta manera no se fortalece la lucha contra este Código Penal, sino los prejuicios que la están alimentando.   

La clase obrera necesita su organización independiente para sostener la lucha por sus demandas y plantear una alternativa política al avance de la derecha y de las políticas de derecha. Nuestro colectivo se propone contribuir a este objetivo.