El resultado de las judiciales reafirma la necesidad del Partido de los Trabajadores

Peor que en los peores pronósticos. Ni la inclusión de las universidades en el proceso de selección ni candidaturas de acercamiento con la burguesía nacional han logrado dar legitimidad a la elección directa de los jueces. El resultado es además un claro mensaje político que desacomoda los intentos, del MAS y la derecha, de debatir de los comicios de 2019.

Como colectivo político marxista, anunciamos nuestro voto en blanco. En el mérito de lo que se elegía quisimos expresar el rechazo a la reconstrucción de la legitimidad de este Estado corrupto. Si en 2011 había por lo menos una serie de candidatos claramente identificados con las luchas sociales, en un ambiente que era todavía de lucha, hoy varios de los candidatos eran productos de acuerdos con el empresariado y clases medio-altas urbanas.

nuloQue no fuese el cambio de la justicia a estar en juego en estas elecciones sino la legitimación con el voto popular de una justicia intrínsecamente corrupta, lo comprueban las declaraciones del Vicepresidente según el cual con más votos de cuantos podían haberle dado los diputados, un magistrado electo cumpliría con “el requisito democrático”. El voto válido entonces servía a apuntalar este Estado y a impedir que sea trasformado con los actores políticos actuales.

Optamos también por el voto en blanco porque en un contexto que, desde el fallo del TCP que habilita la reelección indefinida de cualquier autoridad empezando por Evo Morales, ha convertido estos comicios en un plebiscito sobre el gobierno del MAS, queríamos señalar la necesidad de una alternativa política y delimitarnos claramente de la derecha.

Sabíamos que ninguna declaración de voto puede crear la alternativa. Pero la polarización social que emerge de estos comicios la reclama a viva voz.

Desde el MAS ya habían anunciado que una eventual victoria del voto nulo no produciría ningún efecto ni en la elección de los magistrados, ni en la política. Sin embargo los casi ochocientos mil votos nulos más y los trescientos mil validos menos en comparación a 2011, significan que el rechazo a la decisión de habilitar a Evo Morales a otra reelección penetra con fuerza en el electorado tradicional del MAS y que la polarización debilita al gobierno.

MAS y oposición apuntan a canalizar el debate político a las elecciones de 2019. Para el MAS esto es de vital importancia para reportar tranquilidad en sus filas y la derecha busca así imponerse como única alternativa viable. Pero no está dicho que así vayan las cosas.

El espaldarazo que el movimiento contra la reelección recibe del resultado electoral es importante y no está descartado que organizaciones tanto políticas como sociales decidan darle mayor impulso. Un movimiento con estas características, autoconvocado, sin estructuras de respaldo etc., puede provocar  efectos relevantes y duraderos incluso sin las victorias que prolongarían su vida como la que hoy sumó con el voto nulo.

La ministra de comunicación Gisela López, con mucho cinismo, desafió los cívicos cruceños a consultar al empresariado si está de acuerdo con un paro cívico en Santa Cruz. Como hemos analizado en nuestros documentos de perspectivas (publicado en esta página a principio del año) el férreo control semi-bonapartista ejercido por el MAS sobre las organizaciones sindicales y sociales para forzarlas en los límites democráticos burgueses, no ha permitido la renovación de cuadros y ha alejado energías vitales de la base del partido. Ahora deben imponer una repostulación de Evo por falta de alternativas.

No pudiendo apelar a su “ideología” apelan a los intereses del empresariado, que le cobrará factura haciendo aún más autoritario el régimen. Pero para que los empresarios sigan apoyándose, más que apoyar, al gobierno necesitan que este le garantice paz social, para lo cual el MAS necesita imponer a Evo, provocando la polarización. La imagen gráfica de la situación es la de un perro que se muerde la cola.   

El rechazo a la reelección es una batalla democrática que solo la actual oposición podría capitalizar en el decisivo terreno electoral. Ni la mayoría de los jóvenes que se van movilizando, ni los movimientos obrero y campesino indígena ganaríamos nada con ellos. La única organización, en cambio, que puede vincular las demandas democráticas con un programa social contra el descarrilamiento del “proceso de cambio” que nos trajo hasta aquí, es la COB, que además tiene inscrito en su historia y debate reciente la constitución de un Partido de los Trabajadores. Por este luchamos e invitamos a luchar.