Elecciones judiciales: la revolución que no fue y que, de este paso, nunca será

El 3 de diciembre somos llamados por segunda vez en nuestra historia a elegir a los supremos magistrados del órgano judicial: Tribunal Constitucional, de Justicia, Agroambiental y Consejo de la Magistratura.

judicialesEn 2011, primeros comicios judiciales, el voto nulo superó levemente al voto válido porque hubo un 15% del electorado que dejó su papeleta en blanco. En el voto en blanco confluyeron la desinformación sobre el proceso y los candidatos, por un reglamento electoral demasiado rígido, y el escepticismo sobre esta reforma de la justicia, todo combinado con el rechazo a la campaña por el voto nulo que la oposición hizo también entonces.

La situación pero hoy es diferente. La demanda constitucional para habilitar Evo Morales a una nueva elección a pesar del referéndum del 21F de 2016, convierte inevitablemente estos comicios en un plebiscito sobre su gobierno basado en un muy cuestionable interrogativo.

Volver por la senda de una supuesta “revolución de la justicia” que fracasó incluso como reforma, mientras el actual TCP no se ha pronunciado sobre la reelegibilidad de Evo, es como tener que decidir de sacrificar cualquiera esperanza de cambio de uno de los sistemas judiciarios más abusivo, ineficiente y corrupto al mundo, en nombre del llamado “proceso de cambio”. O sea decidir de dar continuidad a Evo sacrificando el proceso de cambio.

La justicia en sí probablemente no está ni mejor ni peor que antes. Lo que empeora la percepción que se tiene de nuestro sistema judiciario es el desastre de los intentos de transformarla, cumbres incluidas. El voto para cualquiera de los candidatos a magistrados ya no es ni es visto como un voto por el cambio, sino como la legitimación popular arrebatada con chantajes y clientelas a este podrido sistema judicial.

Es lo mismo que ocurre en todos los ámbitos. En estos días Evo ha afirmado que solo la movilización puede conseguir una nueva postulación suya. Pero no se refiere a la movilización contra los recortes presupuestarios, la pérdida de beneficios sociales, las concesiones a las multinacionales, el capitalismo mundial etc., a la cual participaríamos con entusiasmo en la trinchera avanzada. Su llamado es a una maquinaria electoral del MAS desligada y hasta opuesta a cualquier interés concreto de las clases explotadas.

Se pueden mencionar un sinfín de propuestas técnicas para mejorar la justicia en Bolivia, desde el descongestionamiento de las cárceles limitando la detención preventiva, aumentos presupuestarios para resolver la carga procesal, reformas de códigos etc. Sin embargo la justicia que tenemos seguirá reflejando las desigualdades sociales que tenemos, que son la base sobre la cual se erige un Estado naturalmente corrupto, burocrático y avasallador. 

Cualquier reforma de la justicia podría lograr algún efecto solo si calada en un contexto de lucha de clases y movilización que desenmascaren la supuesta independencia del Estado y lo obliguen a la defensa de los intereses mayoritarios. Los antecedentes y la coyuntura actual, en cambio, hacen del voto válido en estos comicios una barrera y un freno a la movilización social.

Con la distancia que separa el MAS de las luchas sociales y el repudio generalizado al sistema judiciario, es bastante improbable que estos comicios reciban un impulso que los valide. Una polarización a favor del voto nulo al que llama la derecha tiene más posibilidades. Creemos pero que este no sea el peligro mayor. Peor es que la única opción visible de rechazo a este sistema judicial venga de una derecha interesada simplemente a lotearlo de nuevo.

No tenemos ninguna ilusión de poder cambiar esta situación con una declaración de voto nuestra. Dejaremos las papeletas en blanco, pero no hacemos de este un propósito de campaña. Nuestro llamado a todos aquellos que comparten este análisis es a organizarse con nosotros para dar un horizonte revolucionario a la polarización social que se prepara y que los comicios judiciales apenas podrían anunciar.