Qué es y adónde va el partido de Rubén Costas

En el ducentésimo séptimo aniversario del grito libertario de Santa Cruz de la Sierra el gobernador Rubén Costas concedió a El Deber una muy interesante entrevista para reivindicar a su partido Demócratas y a la metrópolis oriental la comprensión y el favor de las tendencias históricas que impulsan a Bolivia. Sin embargo no es exactamente a la “fuerza de las cosas” que se debe el ascenso del, actualmente, mejor perfilado partido de oposición.

costas DemocratasEl Costas que se ve conversando con El Deber en los videos publicados con la edición digital de la entrevista quiere mostrarnos la seguridad y el desprendimiento de un político con talla de estadista. El hombre canoso de hoy en día ostenta las viejas cicatrices separatistas como si fuesen estigmas de santo. Pero esto no es solo por mérito suyo, ni por la fatalidad del tiempo.

Costas es el único líder político vigente de la Media Luna que impuso la reescritura autonomista de la Constitución, desconociendo, sin los escándalos de hoy, los resultados de un referéndum vinculante. Entonces el MAS enarboló una bandera tradicional y tradicionalmente confusa como la autonomía, consigna de igualitarios y liberales, empresarios mineros e indígenas, para arrebatarla de las manos de la oligarquía y alineársela. Ha pasado el contrario.

Aquella concesión, combinada con todas las demás que se han venido haciendo a multinacionales y burguesía nacional, ha contribuido a la desmovilización del frente social que, en el contexto de 2006, expresaba en el no a la autonomía su rechazo a las clases dominantes. Que se le llame Pacto Fiscal en La Paz o federalismo desde Potosí a Santa Cruz, esta visión regionalista del desarrollo que reclama recursos y competencias al poder central sirve a no cuestionar ni los patrones del desarrollo ni la naturaleza de clase del poder. Rubén Costas y Demócratas toman natural ventaja de este desplazamiento.

Costas nos anuncia que el próximo Presidente o Presidenta de Bolivia será de Demócratas y muy pronto también de Santa Cruz. Lo hace basándose en una consideración que compartimos: el poder político se traslada siempre dónde está el poder económico. Esta misma es la razón por la cual los marxistas defendemos que la única forma posible de la democracia es con la propiedad y la administración colectivas de los medios de producción.

Costas, obviamente, está en la trinchera opuesta a la nuestra. Por su misma boca ahora todos sabemos que Demócratas es el partido de los poderíos económicos que reclaman el poder político y utilizan las consignas federalistas para generar la ilusión de quererlo compartir con las masas populares. En antítesis con Andrés de Ibañez que el gobernador quiere colocar en el álbum de familia de su movimiento.

Si bien es cierto que los poderes económicos y políticos deben de alguna manera coincidir, la forma en que esto ocurre depende de la lucha de clases. La seguridad de Costas es un exhorto a las elites económicas cruceñas a emanciparse de la tutoría del MAS. Para que esto ocurra deben combinarse condiciones que no han todavía madurado, ni está dicho que lo hagan.

En primer lugar la clase obrera y el movimiento campesino deben estar a la defensiva desorientados por las vacilaciones de “su” gobierno, las vanguardias deben ser todavía débiles y las clases medias impacientadas. La obstinación del MAS por la reelección de Evo contribuye a esta polarización. Por otro lado la situación económica debe dar carácter de urgencia al programa de la burguesía de ajustes, flexibilización laboral y devaluación de la moneda. Solo así la burguesía nacional se dejaría convencer a renunciar a la mediación política y social del MAS. Qué esto pueda suceder lo demuestra la penetración de Demócratas en viejos bastiones electorales del MAS, como las capitales de Potosí, Chuquisaca y Cochabamba.

¿Cómo gobernarían los Demócratas? Costas nos da pautas para entenderlo hablando de la alcaldía de Santa Cruz de la Sierra hacia la cual podría replegarse de no llegar al gobierno nacional. Soltando datos electorales, el gobernador compara el liderazgo debilitado de Percy Fernández con su propio ascenso, incluso en el Plan 3000 donde gana el MAS.

Percy puede preciarse de haber creado un Seguro Municipal de Salud gratuito que ningún alcalde, ni siquiera masista, ha realizado. Sin embargo su visión de la “ciudad vitrina” y la corrupción destapada en la alcaldía y solapada por el MAS para cuidar un apoyo local a la reelección, hacen de Percy el representante de una Santa Cruz patrimonial, que se mira al espejo mientras otros gobiernan la casa, como sus reinas o como Angélica Sosa, brazo derecho del alcalde, o sea prolongación suya como Eva para Adán.

Costas en cambio convoca a la Santa Cruz de la Sierra que ambiciona a la modernidad. Lo hace hurgando un tema sensible: el transporte. En una ciudad de 1,5 millones de habitantes nos trajinamos estresados en minibuses de 20 asientos, viejos y contaminantes, controlados por GPS que imponen tiempos de recorrido incompatibles con cualquier trato humano. Costas propone un referéndum para sustituir este sistema con un servicio de trasporte de buses articulados para la ciudad y los municipios aledaños.

No es lo mismo que los Puma Katari de La Paz. Costas quiere utilizar de manera plebiscitaria el ansia de progreso de las clases medias urbanas para acabar con gremios y corporaciones que lo obstaculizan. Una revolución liberal a la cual Bolivia nunca tuvo acceso por las peculiaridades de su desarrollo desigual y sus consecuencias en la lucha de clases. Todo lo contrario de lo que ha hecho el MAS, cuyo estatalismo contenido en límites burgueses ha estatizado las corporaciones y burocratizado el proceso.

La modernización de las relaciones sociales es algo que interesa muchísimo a la clase obrera. Para ella representa la posibilidad de liberarse del arbitraje estatal que, so pretexto de la protección de los obreros, balancea con la fuerza del Estado a la fuerza de la clase trabajadora en beneficio, en última instancia, de la débil burguesía nacional. Sobra decir que esta independencia podrá ser conquistada por los trabajadores solo con su propia lucha.

Pero lo que plantea Costas es otro espejismo. El poder económico cruceño no está emancipado de sus resabios semifeudales. La gran empresa agroindustrial no es un factor de modernización del agro, sino que se sostiene sometiendo, y manteniendo con vida, a la pequeña producción campesina, proveyéndola de insumos y acopiando sus cosechas. El hostigamiento a la actividad sindical aquí es de lo más difuso.

Fraternidades, logias masónicas, iglesias de todo tipo, brotes racistas y machistas etc. Son la evidencia de una sociedad que sigue juzgándose a sí misma por alguna forma de privilegio por linaje, que no rechaza la política por moralismo, como afirma Costas, sino porque verse como actora política la obligaría a repensar sus supersticiones y meter en discusión su provincialismo, es decir la incapacidad de hablar a la Bolivia que pretende hegemonizar.

Costas saluda aliviado el hecho que el poder político se esté reuniendo con el poder económico de Santa Cruz pacíficamente, pese a que, dice, “el poder generalmente se lo arrebata y la historia de la humanidad ha sido con guerra, como fue la guerra federal, y con muerte”. Costas tiene tanta razón que su optimismo está completamente fuera de lugar.

Bolivia pugna desde hace dos siglos con problemas de los cuales Demócratas y la clase dominante cruceña son parte. Fuera de Santa Cruz, en Potosí por ejemplo, el federalismo que propugnan es anhelo de justicia social que mina el desarrollo capitalista cruceño en sus cimientos, es decir la disponibilidad de mano de obra en venta llegada con la migración. La solución de la cuestión agraria e indígena está fuera del alcance de una clase dominante cruceña que oculta un alma feudal en un traje moderno y cosmopolita.  

Esto no la inhabilita al gobierno nacional al cual, como dice Costas, se siente predestinada por derecho. Pero cambia la apreciación de la pujanza económica de Santa Cruz: de locomotora que transforma Bolivia a bomba de tiempo que prepara escenarios potencialmente revolucionarios. Corresponde a la clase obrera cruceña organizada intervenir en estos procesos para afirmarse como el verdadero poderío económico postergado.