Cruzando ríos de lodo: el MAS y Percy

Desde enero de este año salieron a luz varios casos de corrupción en la alcaldía de Santa Cruz de la Sierra, empañando la gestión del “alcalde con la mayor aprobación ciudadana”, Percy Fernández. Las denuncias que siguieron a la de la propietaria de un restaurante extorsionada para que le otorguen su licencia de funcionamiento han ya llevado a la cárcel a dos funcionarios públicos y sugieren la idea de un sistema de cobros ilícitos institucionalizados.

Evo PercyJusto cuando las autoridades ediles trataban de minimizar los hechos atribuyéndolos a casos aislados, han surgido nuevas denuncias por parte de propietarios de varias tiendas y negocios de la ciudad. Sin poder más desestimar lo sucedido, el alcalde ha optado por desahogar la indignación creciente con la creación de una unidad de lucha a la corrupción y pidiendo a todos los funcionarios del SER (la secretaria de recaudaciones y gestión catastral) de remitir sus cargo para iniciar un proceso de contratación por concurso de mérito.

Casual o no es evidente que lo que está ocurriendo en la alcaldía cruceña se entrelaza con cuestiones políticas que van más allá de la capital oriental. Percy es el único alcalde no masista electo en una gran ciudad que se haya declarado públicamente disponible a sostener la reelección de Evo Morales en cuanto coincida con la propia. Por esto es la punta de lanza de una posible estrategia de “micropactos” entre el MAS y autoridades locales que se beneficiarían con las posibilidades de reelección. La posición oficial del MAS y la de sus exponentes en organizaciones vecinales y sociales está condicionada por estos cálculos, por los cuales el propio Evo, poco antes de los escándalos, llamó Percy "un gran amauta" y el pueblo cruceño a "cuidarlo".

En el Concejo Municipal el partido del alcalde, Santa Cruz Para Todos (SPT), es mayoría relativa con cinco concejales contra los tres para cada una de las fuerzas de oposición, UCS y MAS. Mientras UCS ha empezado una campaña mediática para cargar sobre el alcalde la responsabilidad de la corrupción municipal, el MAS al contrario ha hecho todo lo posible para meterlo al reparo de las críticas.

La propuesta avanzada por dirigentes sociales próximos al MAS y exponentes de este mismo partido es la de un referéndum revocatorio para los concejales, sin ni siquiera especificar si para todos ellos o solo aquellos como Porcel involucrados en los hechos. El fin de esta maniobra, ponerse al frente de las protestas para salvar al alcalde, es demasiado evidente. El MAS se convierte así en la principal muleta de una decenal gestión que está llegando a su fin.

Percy Fernández fue alcalde de Santa Cruz de la Sierra de 1990 a 1995, electo por tres periodos de dos años cada uno en las filas del MNR, y nuevamente de 2005 hasta la fecha, sostenido por sus propias agrupaciones ciudadanas. El secreto de su popularidad es el haberse encontrado al frente de la gestión municipal en los periodos de mayor crecimiento urbanístico. Con él Santa Cruz ha alcanzado la cifra de más de un millón de metros cuadros de construcción aprobados en 2012 con repercusiones también en el aumento del parque automotor y de las actividades de servicios, es decir todo lo que permite a la alcaldía la generación autónoma de ingresos.

Este dinero ha sido utilizado para adornado público en las zonas más atractivas del mercado inmobiliario en la ciudad, en obras cuestionadas como el puente en el Urubó, que sirve a ampliar el rayo de expansión urbanística, y en la atención medica de primer nivel gratuita. Es decir sustancialmente en beneficio de los grandes intereses económicos que normalmente mueven alrededor de un gobierno municipal, como la construcción, y en medidas de compensación social por la explotación del territorio.

Sin embargo el modelo de gestión cruceño se agota. En 2016 los metros cuadros aprobados para la construcción han colapsado a poco más de 300 mil, un nivel inferior a 1994. Sin el mismo dinamismo económico afloran con mayor claridad problemas que antes podían taparse con la idea de una ciudad en crecimiento.

En Santa Cruz la relación entre el número de habitantes y los centros de salud de primer nivel, que no son negocio rentable para los privados, es entre las peores de Bolivia, segunda solo a Cochabamba. El hacinamiento de las unidades educativas públicas es evidente. La alcaldía ha individuado 134 zonas inundadizas en la ciudad, y sin embargo la estimación parece demasiado prudente. En realidad en la mayoría de las arterias no principales de las zonas periurbanas existen dificultad de acceso a servicios básicos de alcantarillado y pavimentación. Son estos los ríos de lodo que el MAS ha cruzado para llegar a Percy.

Un alcalde en edad avanzada tratado como un títere por sus colaboradoras que, como enfermeras, le dan y quitan el micrófono en las ruedas de prensa, es la más vivida imagen que la era de Percy va acabándose. Su entorno aferrado al poder local utiliza la autoridad del alcalde para esquivar los golpes. Y es por esto que la estrategia del MAS de salvarlo no es solo inescrupulosa, sino también inútil para la batalla política local y solo sirve a que el propio MAS sea salpicado por los escándalos.

Hasta cuando circulen originales, como el líder de UCS y el gobernador Costa que mira todo desde la ventana esperando capitalizar el ocaso de Percy, las fotocopias no sirven, y el MAS se sigue presentando como fotocopia. Es una lección que la dirección del partido no quiere aprender, a pesar de haber ya pasado por la experiencia de las derrotas cuando se llamó al electorado masista a sostener a candidatos de otros partidos, inclusive el del alcalde, en los comicios locales y para diputaciones.

Los trabajadores y habitantes de los barrios relegados de la ciudad son la mayoría en Santa Cruz. Sin embargo necesitan ser representados por un partido que hable de temas como el acceso a servicios básicos de calidad, un plan de construcción y asignación de viviendas púbicas, más establecimientos de salud y educación, mejoras en el transporte público, una administración del territorio que no sea por cuenta de los poderíos económicos y las posibilidades de participación real a la vida pública. No un partido perdido en malos cálculos y lecturas de la realidad cruceña.