Perspectivas para Bolivia (1ª Parte)

El 2017 empieza de la misma manera que el 2016: con un nuevo debate sobre la eventual reelección de Evo Morales que ahora el MAS espera poder plantear de nuevo pero en una coyuntura más favorable.

Un año en suspenso

palacioEl debate recién arranca y no está todavía claro cuál camino elegirá el MAS para intentar habilitar a Evo Morales en las elecciones del 2019 después de su derrota en el referéndum constitucional convocado con este objetivo. Las opciones en campo se reducen fundamentalmente a dos: hacer caso omiso del resultado de la consulta popular, con cualquier astucia jurídica como la de la renuncia de Evo para acortar su mandato a fin que no sea tomado en cuenta, o de repetirla en nueva forma.

Este año sin embargo ya están programadas las elecciones judiciales, para la renovación, entre otros, del Tribunal Constitucional donde se definirá el futuro legal de las hipótesis al estudio en el MAS. Como los actuales magistrados han ya dejado entender que no se asumirían la responsabilidad de esta decisión al finalizar su mandato, el debate se desarrollará por todo el año sin llegar a su conclusión y el gobierno utilizará este tiempo para intentar reconstruir la solidez de su apoyo con un esperado repunte de la economía para dar nueva linfa a su proyecto político.

La burguesía – se puede entender tanto de editoriales de sus principales voceros (como El Deber) así como de declaraciones del gremio empresarial reconociendo al gobierno el logro de la estabilidad económica – titubea y no parece muy interesada al llamado a las barricadas de algunos exponentes de la oposición. Es bastante sintomático al respecto que gremios empresariales del Oriente participen a la celebración del aniversario del Estado Plurinacional en Santa Cruz y no se adhieran a la convocatoria de las oposiciones para el 21 de febrero.

En la ralentización de la economía el MAS ha demostrado de poder controlar las presiones hacia nuevas nacionalizaciones, como la de la minería aclamada popularmente en la huelga cívica potosina; de saber interpretar su discurso sobre “las peculiaridades de Bolivia” de manera conveniente al sistema, legalizando el trabajo de menores (nuevo Código de la Niñez); y que el discurso nacionalista es perfectamente compatible con despidos (ENATEX), fomento a “retiros voluntarios” (Huanuni) y en general con los recortes presupuestarios que impulsan la precarización y la tercerización del trabajo también en las empresas estatales y en los servicios básicos de las administraciones locales (desde el recojo de la basura hasta los SLIM).

El dilema de la burguesía

La burguesía nacional le ha perdido el miedo al MAS pero se encuentra hoy frente a un nuevo dilema. Si bien sueñan con un MAS que acepta el “juego de la alternancia democrática”, dando legitimidad a un poder político fragmentado y más permeable a los poderíos económicos, saben que actualmente es difícil que el aparato partidario oficialista se haga a un lado sin dar la pelea. Evo cuenta todavía con un apoyo mayoritario, aunque ahora “solo” relativamente. Este debilitamiento solo relativo es la base del intento de forzar la norma y el resultado referendario, con la consecuencia posible de tensionar el país precipitándolo en una crisis tipo Venezuela.

El empresariado ha avanzado mucho en la implementación de su agenda con el gobierno: ejemplos son los “pactos productivos” con los agroindustriales del Oriente, la suspensión del doble aguinaldo, los elevados niveles de inversión pública como canal para la participación privada – vía licitaciones – a la apropiación de la renta de las materias primas, etc. Lo que necesitan ahora es flexibilizar aún más el trabajo y las relaciones laborales, devaluar la moneda nacional frente al dólar liberalizando las exportaciones e incentivar las inversiones privadas (desgravación de impuestos y seguridad jurídica contra avasallamientos de tierras por ejemplo).

En estas pretensiones se reflejan las necesidades imperiosas de acumulación del capitalismo boliviano, después de uno de los más importantes auges de su historia, y sus debilidades congénitas. La burguesía no tiene al horizonte alternativas creíbles al MAS, pero este hoy le ofrece pocas opciones. La burguesía necesita la paz social de la cual, en las actuales condiciones, solo el MAS puede hacerse garante, pero para que el MAS cumpla con este papel necesita de la reelección, es decir cobrar un precio a la burguesía o meter el país en un camino incierto que podría conducir a nuevas convulsiones sociales (y que, en todo caso, el mismo programa burgués precipitaría).

evo caoLo que la burguesía tiene al frente es un gobierno que, poniendo el tema electoral al centro de su gestión, se expone al chantaje de reclamos sectoriales y regionales, que pero es también el único actualmente en condición de enfrentar apretando la soga de la colaboración de clases al cuello de la sociedad, el movimiento obrero y las organizaciones sociales, corroyéndose internamente y sin dejar que surjan alternativas, lo cual podría llevar a resultados imprevisibles.

Un editorial de El Deber, portavoz del sector más fuerte de la burguesía nacional, los agroindustriales del Oriente, condensaba estas preocupaciones. Por un lado individuaba en el “desempeño económico”, la “clave para hablar de repostulación en 2017”, sin entonces descartarla. Al mismo tiempo alertaba sobre los efectos de una “ruptura del orden constitucional reviviendo el pacto militar-campesino de los ‘60” (El Deber 01/01/2017). En esta fase entonces seguirán a la expectativa, tratando de persuadir el gobierno al dialogo sobre los temas económicos y apoyando a las palomas frente a los halcones en el MAS.

Como ya hemos analizado no es posible descartar un retorno de los militares en la escena política boliviana, en la forma de la reedición del Pacto Militar – Campesino esta vez entre las FFAA y el MAS. Frustraciones en ambientes militares que surgieran de las tensiones con Chile, a las cuales la Corte Internacional de Justicia solo puede dar nueva forma, y un escenario de ingobernabilidad, política y/o económica, estimularían la intervención militar que encontraría apoyo en el MAS, así como el MNR apoyó a las dictaduras convencido que los militares venían a salvar la “Revolución Nacional” de la insurgencia obrera. Sin embargo son también otras las condiciones que deben darse: un entorno internacional favorable (y la elección de Trump podría prepararlo) y un movimiento obrero incapaz de dar una salida a la crisis, de pié pero ya dividido y debilitado en la lucha.

El nuevo gobierno

La nómina del nuevo gobierno da algunas señales claras sobre su dirección de marcha futura. La ratificación del titular de la cartera económica Luis Arce, único ministro con Evo desde el principio, es sinónimo de continuidad en el manejo prudente de la colaboración de clases y las finanzas públicas. La promoción del ex procurador del Estado Héctor Arce a la Justicia, en el año en que la Asamblea Legislativa debe evaluar las candidaturas a magistrados, indica la voluntad de sondear el camino del acortamiento del mandato de Evo, hipótesis lanzada por el mismo flamante nuevo ministro.

Lo más sorpresivo ha sido la salida del ministro de relaciones exteriores Choquehuanca. Su reemplazante es otro destacado exponente del mismo “pachamamismo” del ex canciller. Así Bolivia sigue manteniendo hacia el exterior la utopía reaccionaria del pasado ancestral en respuesta a la crisis de la modernidad, sin cuestionar las estructuras de poder mundial y, consecuentemente, su desarrollismo funcional a las multinacionales fronteras adentro. Choquehuanca paga por no haberse declarado a favor de la reelección después de la derrota en el referéndum, posiblemente seducido por la idea de ser el sucesor natural de Evo, y haberse dejado suplantar en las polémicas con Chile no solo por otros exponentes del gobierno, sino y sobre todo por el mejor perfilado candidato opositor, el vocero de la causa marítima Mesa.

Quintana, de la línea dura, será destinado a fortalecer el MAS, es decir a militarizarlo para acabar con las pugnas internas por el poder. Se queda Romero, enlace con la burguesía oriental y virtual representante de esta en reemplazo de García Linera. Se quedan el ministro de obras públicas Claros, a pesar del escándalo LaMia, se quedan el ministro de minería Navarro, que ha vencido al sindicato de Huanuni, la ministra de salud Campero, justo después de la huelga de los profesionales de la CNS y la COB en su contra. La nueva ministra de comunicación manifiesta una ruptura con su predecesora adelantando una línea que El Deber defino con satisfacción “conciliadora” con los medios privados. Un ex dirigente del magisterio y de la COB, de línea estalinista, entra al ministerio de trabajo con la función propia de los reformistas de apelar a las masas limitando paternalistamente su acción consciente. Es esto el rasgo político distintivo de un gobierno renovado para facilitar la reelección.

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