La clase obrera y el mar

Entre los argumentos utilizados por Evo Morales para explicar la ralentización de la economía boliviana, que para los trabajadores significa la renuncia al doble aguinaldo, está la cuestión del mar. Por su enclaustramiento Bolivia sufriría una merma que el Presidente ha calculado en más de mil millones de dólares por año, equivalentes a un 2,7% del PIB.

mar para boliviaEn los últimos días además el gobierno boliviano y el propio Evo Morales a través de su cuenta en Twitter han denunciado la “violación de los DDHH de los transportistas y exportadores bolivianos: más de 2000 camiones estuvieron bloqueados en frontera con #Chile”, ocasionada por el paro de 48 horas de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), el sindicato de los funcionarios públicos chilenos. Paro que fue convocado con anticipación y es por razones como la lucha contra el ajuste y por aumentos que defiendan el poder adquisitivo de los salarios, que cualquier trabajador boliviano instintivamente comprende.

No necesitamos que nadie nos explique que el objetivo de estas denuncias es demostrar que es Chile quien contraviene al Tratado de 1904 al limitar el libre tránsito de la carga boliviana. Sin embargo si uno escucha de los cálculos de Evo sobre los efectos del enclaustramiento en el desarrollo económico de Bolivia y lee estas y otras anteriores denuncias contra el gobierno chileno por, de esto se trata, permitir la huelga, puede fácilmente sacar la conclusión que una causa de que no tengamos desarrollo o doble aguinaldo…. ¡son los trabajadores chilenos! Un absurdo que nos da la ocasión para reafirmar la perspectiva internacionalista sobre el tema.

Consecuencia de la Guerra del Pacifico, Chile, movido por intereses imperialistas y por los apetitos de su clase dominante, ha subordinado y estrangulado las posibilidades de Bolivia de tener una presencia autónoma en el mercado mundial. La relación de dependencia comercial y económica de Bolivia en relación con Chile, ha dado a la clase dominante de este país una posibilidad más de descargar externamente contradicciones sociales internas. En el siglo pasado esto se materializó con la presencia en Bolivia de empresas chilenas, que todavía obtienen más de la mitad de sus ganancias de las inversiones fuera de sus fronteras. Sucesivamente Bolivia se ha convertido en una periferia comercial para las reexportaciones chilenas, y el control que Chile ejerce sobre las vías de nuestro comercio exterior significa un chantaje que beneficia a la clase dominante chilena, a la cual el diferendo marítimo ofrece además un recurso para envenenar con el chovinismo la lucha de clases en ese país.

Es por esta posición de fuerza de Chile en la relación asimétrica con nuestro país que, como hemos reiteradamente sostenido, la recuperación de la condición marítima de Bolivia es un requisito imprescindible para ir hacia aquella integración latinoamericana contra la cual reman tanto el imperialismo, que vería amenazados sus intereses, cuanto sus títeres locales que verían romperse el hechizo chovinista con el cual, en conflictos latentes como este, mantienen a las clases subalternas apartadas de las ideas revolucionarias.

Sin embargo, si el movimiento obrero organizado de nuestro país renunciara a su propia perspectiva de lucha por el mar para hacerse furgón de cola de una supuesta “política de Estado” que pretende meter en un solo saco a neoliberales, burgueses y el pueblo pobre, estaría yendo en contra no solo de sus intereses inmediatos, sino de su objetivo estratégico de constituirse en clase dirigente de la sociedad.

De hecho: a) la “colaboración de clases por el mar” ha permitido que resucitasen políticos como el ex presidente Carlos Mesa, nombrado vocero de la causa marítima, y que, pese a su trayectoria neoliberal, son hoy los más visibilizados potenciales candidatos de la oposición; b) el tema marítimo es utilizado como distracción de masas también en Bolivia. Se habla de los más de mil millones de dólares que le cuesta a Bolivia el enclaustramiento, pero no de las cifras superiores a esta que se siguen devolviendo de diferentes formas a las multinacionales o que estas exportan en minerales pagando ridículos tributos. Se atribuye al enclaustramiento el poder de negar a los trabajadores bolivianos mayores beneficios sociales y del crecimiento económico, para convocarlos a sostener la política gubernamental y desestimar la lucha de clases por sus propios derechos.

Declaraciones como las que disimuladamente culpan a los trabajadores chilenos del rezago de Bolivia, sirven a sostener la convergencia de intereses entre la clase dominante chilena y el gran comerciante mayorista boliviano, en contra de la clase trabajadora y el pueblo pobre a los dos lados de la frontera. En Chile fortalecen políticas antiobreras, en Bolivia impiden a la clase trabajadora de ser sujeto autónomo, capaz de solidarizarse con el movimiento sindical chileno y de informarse sobre el hecho que es la privatización de los puertos chilenos, la política neoliberal, lo que ha encarecido los costos de transporte y empeorado las condiciones de trabajo de portuarios y funcionarios públicos. Así se convierte al movimiento obrero boliviano en instrumento de presión de masas de nuestra burguesía nacional, interesada no a las posibilidades de desarrollo industrial de un eventual retorno al mar, sino a llegar sin intermediarios a la importación de aquellos productos o a aquellas ventajas en la exportación (como fue el ATPDEA) que frustran las posibilidades de desarrollo industrial autónomo.

El diferendo marítimo entre Chile y Bolivia es otro caso que demuestra cómo, incluso bajo la superficie de un discurso oficial por la integración y la cooperación entre países latinoamericanos para emanciparse de la dependencia económicas del imperialismo, los intereses de las diferentes burguesías nacionales convergen solo cuando se trata de defenderse del peligro de la lucha de clases, siendo egoístas y mezquinos en todos los demás casos. Es por esto que afirmamos que no existirá otra forma de integrarnos que no sea la de una Federación Socialista entre países donde la clase trabajadora se ha liberado de las cadenas capitalistas. Para ello pero es necesario que los trabajadores sepan defenderse del ambiguo patriotismo y nacionalismo burgueses, educándose al contrario al hecho que sus intereses divergen en todo de los de sus verdugos.