En defensa del derecho a la identidad de género

El gobierno boliviano acaba de aprobar una ley de identidad de género que convierte a nuestro país en uno de los muchos, aunque todavía minoría, donde a los transexuales es consentido obtener una identidad legal acorde a su identidad psicológica. Desde la Corriente Marxista Internacional saludamos esta ley, nacida de la iniciativa de los colectivos LGTB de nuestro país y la defendemos ante la reacción de los elementos conservadores de nuestra sociedad.

evangelicosgeneroLa ley ha sido rechazada por la Conferencia Episcopal Boliviana, de la Iglesia Católica, que la ha definido “un grave riesgo” para la sociedad. Las Iglesias Evangélicas han marchado anunciando la recolección de firmas para la derogación de la norma. La misma ha sido sancionada en la Asamblea Legislativa Plurinacional con votos del oficialismo y de la oposición, pero sin el voto unánime de ninguna de las tres bancadas parlamentarias. Es decir que incluso en el MAS esta ha provocado reacciones adversas. La batalla, en lo legal, lo cultural y lo político, no se puede decir concluida, por esto es necesario declarar nuestro apoyo.

¿En qué consistiría el “riesgo” para la sociedad de esta Ley? Porque alteraría “el orden natural de las cosas”. Es fácil ver en esta moral basada en la represión de los instintos sexuales, que involucran no solo funciones biológicas sino también psicológicas, afectivas y entonces naturalmente electivas, el reflejo de una “ética” social basada en la aceptación de las jerarquías y la estratificación social, y de la represión que de esta consigue a manos del Estado. Es esto el papel de aparato ideológico al servicio de las clases dominantes que la religión juega a pesar de sus orígenes revolucionarios.

Sin embargo toda nuestra vida se basa sobre una “alteración” de la naturaleza: es el producto de la interacción entre la naturaleza y la planificación humana. Toda la evolución de la humanidad se explica a partir de la lucha constante del género humano para hacer de las condiciones de su existencia un acto propio y consciente. Es esta misma lucha que ha evolucionado al mismo género humano: su cerebro, el lenguaje etc.

Los marxistas estamos para que esta lucha sea llevada a cabo: emancipándonos de la esclavitud del trabajo, de la dictadura impersonal de la “economía de mercado” y de todo lo que nos ha cosificado y sometido al dominio de nuestras propias creaciones es como recuperaremos nuestra verdadera naturaleza de seres sociales, cuyo carácter, pensamiento, cerebro, posibilidad de lenguaje etc. son imposibles de concebir sin la interacción con nuestros símiles. Solo así, apoderándonos de todas las calidades humanas que hemos proyectado sobre Dioses, ídolos y mercancías, saldremos de la prehistoria para liberar todo el potencial científico, moral, afectivo y liberador de la humanidad.

Un ejemplo de aquello, para quedar en tema de derechos de género, es el aborto. En todos los países donde esta práctica se ha legalizado, el porcentaje de abortos y embarazos precoces ha decaído de manera abrupta. Esto porque el derecho al aborto devuelve a las mujeres la “propiedad” y la responsabilidad de su propio cuerpo, arrebatándolo a las presiones sociales que, relegando las mujeres a sus funciones reproductivas, las condenan a sostener en las familias el peso del atraso material y de la acumulación patriarcal. No es ninguna casualidad que en los países de Europa la conquista del derecho aborto sea atacada incluso con mayor virulencia que los derechos laborales en esta época de crisis: esto sirve a descargar sobre las mujeres el peso de la crisis y a reconstruir una ideología conservadora… del mismo orden en crisis.

Ya lo hemos visto con las leyes por la igualdad y contra la violencia de género: una norma puede servir a dar fortaleza a la lucha contra la discriminación pero puede también ser para liquidarla o encauzarla lejos de las cuestiones sociales – es decir de la explotación capitalista de género, nacional y de clases – que originan desigualdades, reproduciéndolas al fin. Por esto invitamos a no bajar la guardia, convirtiendo al contrario la aprobación de esta ley en una palanca para avanzar en la real igualdad de género, el derecho al aborto, el derecho al matrimonio igualitario etc. Uniendo la lucha por estos derechos civiles a la lucha por acabar con este sistema es como daremos a nuestras conquistas civiles un valor imperecedero y no solo formal.