La débil posición boliviana ante la destitución de Dilma

Brasil tiene otro gobierno, que ha catapultado al poder a los que salieron derrotados de las urnas y a dinosaurios políticos hibernados en los últimos quince años. Aunque ningún mecanismo institucional ha sido violado – lo cual expone a los ojos de las masas de Brasil y Sudamérica los límites y la hipocresía de la democracia burguesa – la maniobra para destituir a Dilma no es diferente de lo que se hizo con Lugo en Paraguay y Zelaya en Honduras. Ni la reacción diplomática puede ser distinta.

A Zelaya lo sacaron con la fuerza de la silla presidencial cuando, para sortear la oposición de la burguesía hondureña a sus planes sociales, empezó a acercarse al “bolivarismo” buscando el apoyo del pueblo pobre y trabajador mientras perdía el del Partido Liberal con el cual fue elegido. Lugo fue destituido en Parlamento como escarmiento a los campesinos que tomaban latifundios alentados por la retórica social del gobierno y por su falta de resolución. Igual que Dilma, la alianza con partidos burgueses y la traición de estos fue elemento decisivo para dar una apariencia democrática a la revoca del mandato.

evotemerLo que difiere entre los casos citados es el contexto. La destitución de Zelaya y Lugo apuntaba a contrarrestar la tendencia general hacia la izquierda de las masas obreras y campesinas, atraídas por la revolución bolivariana y el ALBA. Dilma en cambio no paga por una aproximación a posiciones más de izquierda, al contrario. Aunque la causa desencadenante de su destitución ha sido la voluntad de la clase política brasilera de salvarse de los procesos por corrupción que afectan a un 60% de los congresistas, el motivo de fondo es para implementar los mismos ajustes brutales que Macri impone a la Argentina, y que un PT, debilitado por la contradicción entre sus políticas de austeridad y su base social trabajadora, no podía asegurar con la misma premura y radicalidad que la burguesía brasilera invoca frente a la crisis. Por esto mismo, y por el papel que Brasil juega en los equilibrios políticos y económicos regionales, la destitución de Dilma es aún más grave y desestabilizadora.

Cuando hubo el golpe en Honduras, los países del ALBA desconocieron inmediatamente el gobierno interino y retiraron sus embajadores. En el caso de Lugo, Paraguay fue sancionado también con una suspensión de sus membresía en el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). En el caso de Brasil en cambio, con pocas excepciones, la reacción es diferente. Por lo que concierne Bolivia, que acaba de nombrar un nuevo Embajador en Brasil, no se ha ido más allá de genéricas condenas y manifestaciones de solidaridad, sin acciones diplomáticas consecuentes. Peor aún es el asirse a las ramas buscando justificaciones a estas vacilaciones.

En un reciente discurso Evo Morales ha sugerido elecciones para superar la crisis en Brasil. Ha argumentado esta propuesta haciendo diferencias entre los golpes militares del pasado y la destitución de Dilma para remarcar el hecho que no ha habido violación formal de la “institucionalidad democrática” que autorizase acciones diplomáticas fuertes. Sin embargo esta su defensa de la perspectiva nacional del “proceso de cambio” y de los intereses en juego para Bolivia – dependiente de las exportaciones de gas principalmente al Brasil – es históricamente incorrecta y políticamente ineficaz.

Evo ha saludado la “nueva doctrina militar” de las FFAA de América Latina “basada en los pueblos”, que impediría golpes de Estado. Más allá de recordar que Zelaya fue sacado de Honduras a balazos por gorilas militares, la tesis expuesta es completamente unilateral. En nuestra historia boliviana no tuvimos solo dictaduras militares al servicio directo del imperialismo, sino también el socialismo militar, RADEPA, Ovando y Torres. En todo caso el papel de las FFAA no fue ideológico, sino como solución a través del Estado burgués y su defensa a las contradicciones revolucionarias que atraviesan nuestra historia.

Esto es el hilo que une el “primero” y el “segundo” Perón, que explica la presencia de Arce Gómez en la foto a Marcelo Quiroga Santa Cruz firmando la nacionalización de la Gulf, o el hecho, poco reconocido por los nacionalistas, que Villarroel, el mismo que impulsó la fundación de la FSTMB, fue el que hizo de Bolivia miembro fundador del FMI. El giro criminal inculcado por el imperialismo en estas mismas FFAA no fue más que el reconocimiento que los problemas que afligen al país no tienen solución plena dentro del Estado burgués ni de sus confines nacionales, sino solo a través de la revolución social que se hace internacional.

Una lección histórica para la actualidad. Los que han usurpado el poder en Brasil son los mismos del asilo político a varios prófugos de la justicia boliviana (el ex senador Pinto, el ex fiscal Soza etc.), y que se declararon disponibles a tratar con los prefectos de la Media Luna la venta de gas. Son expresión de la clase dominante brasilera que busca descargar externamente sus contradicciones y subordinar a sus vecinos a sus intereses geopolíticos y económicos. La perspectiva nacionalista de la “cooperación institucional” y del no inmiscuirse no nos defenderá de la ofensiva que se prepara con el cambio del contexto internacional, y de sus efectos sobre nuestra economía y política.

Bolivia debe sin demora asumir la iniciativa diplomática, desconociendo el gobierno de Temer y suspendiendo la posesión de su nuevo embajador en Brasil. Al mismo tiempo completar las nacionalizaciones con la expulsión de las multinacionales, incluso una Petrobras de la cual es inútil esperarse inversiones, cuando además solo nos están exigiendo devolución de costos e incentivos fiscales, y concentrar esfuerzos para relanzar las empresas nacionales (como ENATEX de la cual se acaba de anunciar el cierre) con la administración directa de los trabajadores. Es así como nuestro país podrá convertirse en referente y en un factor mismo de la lucha de clases en nuestros vecinos, en vez de sufrir los efectos de esta.