Reserva Tres Amigos: quieren escarmentar a los trabajadores. ¡Que las multinacionales paguen su crisis!

El 7 de agosto la multinacional suiza Glencore (en Bolivia conocida como Sinchi Wayra) ha entregado preavisos de despido a 154 de los casi 220 trabajadores de la Empresa Minera Reserva Tres Amigos, ubicada en la provincia Linares del departamento de Potosí, a unos 30 kilómetros de la capital.

smtmrtaSe trata de una autentica masacre laboral que la empresa ha puesto en marcha aduciendo como causales tanto la baja cotización de los minerales como la ausencia injustificada del trabajo por más de seis días hábiles seguidos durante el paro cívico convocado por COMCIPO. Los trabajadores han dado un plazo de 48 horas a la empresa para que anule estos memorándum de despido que consideran injustificados: niegan que la empresa atraviese una crisis y aseveran de haber acatado el paro cívico con el fin de proteger la mina de una toma como la ocurrida en la empresa Manquiri.

Después de la nacionalización de Colquiri y Vinto y del nuevo contrato de asociación con COMIBOL en la mina Bolivar y Porco, Sinchi Wayra sigue operando de manera exclusiva: en Potosí el ingenio de Don Diego y las minas de San Lorenzo y Colquechaquita (donde está la Reserva Tres Amigos); además de dos minas en la provincia Poopó de Oruro. La capacidad de producción estimada en las dos minas de Potosí es de 21 mil toneladas mensuales de zinc, plata y plomo. La sola Reserva Tres Amigos tiene una capacidad productiva de 8.500 toneladas mensuales. De hecho y pese a su redimensionamiento a Sinchi Wayra sigue correspondiendo el 8% de todas las exportaciones mineras de Bolivia.

Bastan estos pocos datos para entender que si bien existan dificultades por la baja cotización de los minerales, hablar de crisis es totalmente inapropiado en el caso de esta multinacional. Suficiente pensar que con una producción de zinc de 9000 toneladas mensuales la gerencia de la estatal Empresa Minera Huanuni considera sostenible una planilla de 3500 trabajadores. Sinchi Wayra además tendría todas las condiciones y las posibilidades para afrontar la crisis desde la planificación en diferentes minas y un ingenio que procesa 23 mil toneladas mensuales de producción minera incluso de cooperativas.  

Sin embargo esta multinacional viene hace tiempo cometiendo una serie de abusos, principalmente retrasos en el pago de primas y salarios. En 2009, en otro ciclo de bajas cotizaciones, la empresa extendió la jornada laboral. Su objetivo hoy es el mismo: descargar la crisis sobre los trabajadores.

Una reducción del 70% de la planilla laboral significaría en los hechos el cierre de la mina. Sinchi Wayra podría quererlo “cooperativizar”, de hecho esta multinacional ya trabaja en asociación con cooperativas mineras en Poopó, de un contrato similar nacieron los problemas en Colquiri y la Reserva de Colquechaquita es ambicionada por otras cooperativas que intentaron avasallarla en reiteradas oportunidades. Sin embargo lo más probable es que con las amenazas de despidos se pretenda escarmentar a los trabajadores, forzarlos a negociar congelaciones salariales, extensión de la jornada laboral o cualquier otra medida que asegure las ganancias empresariales. Los memorándum servirían además de escarmiento a toda la clase trabajadora para que no se inmiscuya en las luchas populares (como la de Potosí), objetivo sobre el cual, ante la crisis, convergen tanto la patronal como el mismo gobierno.  

Sinchi Wayra es socia del Estado que defiende sus privilegios y presencia a través de los contratos de asociación. El Ministerio del Trabajo de manera gallarda ha declarado que hará respetar la “estabilidad laboral”, consciente de los reales objetivos de la multinacional. Le tomamos la palabra y lucharemos para que la misma estabilidad laboral sea respetada en Huanuni, Enatex y en las grande y pequeñas empresas donde llega la crisis.

Estos sucesos demuestran también lo que defendimos en nuestra carta abierta a los trabajadores y sindicatos mineros en ocasión de la toma de la empresa Manquiri en Potosí. Al acatar el paro cívico para defender la mina de una ocupación del pueblo que reclamaba su nacionalización, los trabajadores solo han ido en contra de sus propios intereses y han hecho los intereses de una derecha que no quería que el paro vaya más allá del cuestionamiento al gobierno.

De la capacidad organizativa y de la lucha concreta de los trabajadores debe en cambio plasmarse un programa para enfrentar la crisis que supere el freno de las actuales direcciones sindicales y la colaboración de clases que impone el gobierno. Un programa que ofrezca al pueblo pobre y trabajador movilizado una salida a la izquierda a la crisis, nucleada alrededor de la consigna clara: ¡que la crisis la paguen empresarios y multinacionales que la provocaron!