Un revés al oportunismo fuerza elecciones en el SMTMH: por un balance general de las luchas

El próximo sábado 20 de diciembre se celebrarán las elecciones para la renovación de la directiva del Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Huanuni (SMTMH). La convocatoria a estas elecciones internas es el merecido castigo a los métodos burocráticos del hasta ahora dirigente del sindicato, el actual senador del MAS Pedro Montes, y a su menosprecio por las tradiciones democráticas del SMTMH. Montes y el dirigente nacional de la FSTMB Miguel Pérez fueron justamente abucheados mientras buscaban nombrar a dedo un sucesor a la dirección del más importante sindicato del país.

La importancia del SMTMHhuanuni-590x260

El SMTMH es, de hecho, el sindicato numéricamente más grande de Bolivia y es decisivo en los equilibrios internos a la Central Obrera Boliviana. El compañero Trujillo, actual dirigente de la COB, es un trabajador de la Empresa Minera Huanuni (EMH), así como lo son el propio Montes, quien dirigió la COB antes de Trujillo, Miguel Pérez de la FSTMB y los dirigentes actuales de la Central Obrera Departamental y la FSTMB de Oruro. Este es el reconocimiento al papel que los mineros de Huanuni han jugado en las luchas de la última década, a partir de la masacre de Ventilla en Octubre Negro de 2003, hasta las 48 horas de huelga con paro de actividades proclamadas inmediatamente después del “gasolinazo” en 2010, para citar solo algunos ejemplos.

Los trabajadores de Huanuni son los que han levantado la bandera de la nacionalización de la minería, que ha flameado incluso en el parlamento británico contra los contratos de liquidación de la multinacional que en riesgo compartido con COMIBOL explotaba el yacimiento y, sobrepasando al pueblo boliviano, pretendía concesionarlo al cooperativismo. Esta lucha, que los trabajadores han defendido en reiteradas ocasiones en contra de funcionarios del gobierno que vaticinaban el colapso de la EMH, ha sido en cambio un ejemplo determinante para la nacionalización del yacimiento de Colquiri.

En Huanuni se celebró el Congreso del Partido de los Trabajadores y desde Huanuni vino también el impulso principal a la “alianza estratégica” de la COB con el gobierno. Esta es la expresión de una lucha y un debate vivo entre los trabajadores del SMTMH y de la cual es necesario sacar un balance en víspera de estas elecciones, aún más importante si interpretamos correctamente todos estos cambios en la orientación del SMTMH por lo que son: el reflejo de la situación general del país y de la búsqueda de una línea política coherente por parte de los trabajadores de la EMH que le permita intervenir en estos procesos políticos más generales. Es este el escenario dentro del cual se mueven las tensiones entre las corrientes organizadas en el sindicato y las presiones externas a la empresa.

Como Montes ganó las elecciones

La manera a través de la cual Montes fue elegido en las últimas elecciones internas al SMTMH el año pasado, es bastante indicativa del vínculo indisoluble entre oportunismo y métodos burocráticos. Tras el fracaso de la huelga del año pasado, la EMH y la directiva del SMTMH fueron objeto de una campaña de ataques que incluían la exposición pública de algunas planillas salariales y balances económicos sesgados (a la cual el sindicato respondió) y sobre todo amenazas de intervención de la Contraloría General del Estado, planes de contingencia contra la crisis, suspensión de inversiones etc. Este cerco a la joven directiva sindical, expresión de una nueva generación de mineros recién ingresada a la arena político sindical, fue aprovechado por Montes y los suyos, con el apoyo del MAS.

Estos primero organizaron un Comité de Trabajadores de Base para demostrar que el gobierno quería reunirse con los trabajadores de Huanuni pero no lo habría hecho con los entonces dirigentes, y luego de la renuncia forzada de estos últimos, consiguieron conquistar la dirección del sindicato con una abrumadora mayoría. El foro debate de aquellas elecciones fue un termómetro fiel del estado de ánimo entre los trabajadores: pese a que la discusión central fue la necesidad de aliarse al MAS, las intervenciones de los camaradas de base se referían exclusivamente a problemas internos de la empresa con escasas alusiones a temas de coyuntura como a los compañeros que afrontan un proceso por la represión de la huelga.

Nadie increpó a Montes sobre su papel en la aprobación de la ley de pensiones en su forma actual, se les preguntaba al contrario cómo resolver el problema de aquellos que habían descubierto no tener contribución en las AFPes en el periodo que fueron cooperativistas, obteniendo siempre la misma respuesta: que todo podía ser resueltos solo si el SMTMH aceptaba ponerse bajo la dirección del MAS y los auspicios del propio Montes. La victoria de Montes fue entonces el resultado de un cambio en la escala de prioridades de los trabajadores en que prevalecía el tema de cómo resguardar el futuro de la empresa, amenazada con la intervención del gobierno.

El oportunismo organiza derrotasComision de Bases

Montes se presentaba como un atajo a la solución de este tipo de problemas, pero el oportunismo nunca representa una solución práctica, sino el método burocrático para la organización de las derrotas. Desde su elección Montes se ocupó de llevar adelante una sistemática represión sindical a los opositores, de despedir trabajadores de la Radio Nacional de Huanuni, de propiedad del SMTMH y hasta hoy espacio libre de debate político sindical, vendiendo a los trabajadores la idea que un sindicato limpio de críticos y más condescendiente con el gobierno salvaría a la empresa. Pero las cosas han ido diferentemente.

A los pocos días de celebrarse el octavo aniversario de la nacionalización de la EMH, el pasado 31 de octubre, el actual gerente de la empresa Gustavo Choque anunciaba un plan de contingencia para la empresa que prevé un aumento de la productividad de 600 a 950 toneladas métricas finas (TMF) por mes y el retiro hasta fin de año de unos 400 trabajadores. Entre estos no están solo los que, desincentivados por la desproporción entre los salarios actuales y las eventuales jubilaciones, siguen trabajando con más de 65 años, sino también otros, principalmente compañeras que fueron incorporadas a la empresa en remplazo de sus esposos víctimas de accidentes laborales. Este drástico plan que se justificaría con pérdidas de 2,4 millones de dólares hasta agosto, tiene su “recompensa” con una inyección de 46 millones de dólares comprometida por el gobierno para incrementar la productividad, sobre la cual el sindicato de Montes ha entregado prácticamente un cheque en blanco sin ni siquiera hacer un balance del último plan trienal de inversiones por 96 millones de dólares.

La “alianza estratégica” sin estrategia

En el frente político el único resultado concreto que los trabajadores han podido ver es la elecciones de Montes a senador en las listas del MAS. Como un cualquier advenedizo, Montes ya se ha demostrado más realista que el propio rey. Cuando no se ha ni siquiera instalado la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional, Montes es el primero en plantear el tema de la reelección de Evo Morales, que, en este momento, no está en agenda ni es vista como solución práctica por la propia base del MAS y el movimiento campesino. Esto es perfectamente coherente con los objetivos de la “alianza estratégica” que desde nuestra revista definimos sin estrategia.

El documento del SMTMH de Montes por la alianza con el MAS es un verdadero manual de oportunismo. Empieza afirmando que no pueden “pasarse por alto las tareas democráticas” por lo cual debe situarse en primer plano “la revolución democrático cultural que lidera el Presidente Juan Evo Morales Ayma”. Acaba finalmente planteando una serie de reivindicaciones, como nacionalizaciones etc., para contraponer el socialismo al capitalismo. Lo más importante sería lo que (no) hay en el medio: cómo combinar estas reivindicaciones con las afirmaciones hechas a un principio. Pero esto no amerita el interés de los redactores del documento. No se trata en fin de un documento para armar a los trabajadores para que intervengan en las contradicciones del proceso defendiendo proficuamente una perspectiva socialista, sino de un documento que sirve a desarmarlos para que sean un furgón de cola que sostiene la política de colaboración de clases.

La COB no ha intervenido en ninguna de las batallas de la base del MAS y campesino-indígena en contra de la candidatura de empresarios, latifundistas, avasalladores de tierras y viejos opositores de derecha, ni en apoyo al reclamo de las cumbres campesino-indígenas por la profundización de la reforma agraria y la definitiva liquidación del latifundio. La nacionalización, colocada en los documentos para arropar el discurso oportunista, ha sido abandonada en todas las primeras luchas concretas producto de las oscilaciones del precio de los minerales (Inti Raymi, Totoral) para ser reemplazada con la negociación de planes de contingencia particulares como el que se propone para Huanuni. Todo esto, mientras en otras minas nacionalizadas como Colquiri se negocian y conceden aumentos salariales basados en la productividad, hace que la Empresa Minera Huanuni y sus trabajadores están más aislados que antes.  

¿Qué salida para la EMH?

En cambio los problemas que atraviesa la Empresa Minera Huanuni interesan a todos los que defendemos la recuperación de nuestros recursos naturales y su planificación democrática como base de la edificación de una sociedad socialista, con justicia e igualdad social. Es en esta lógica que consideramos que la manera como la EMH salga de la situación de perdidas provocada por la baja del precio del estaño es de vital importancia para definir el curso de las políticas pública no solo en materia de minería. Al mismo tiempo es de vital importancia para los trabajadores utilizar esta crisis como un multiplicador de las capacidades de organización, como eje para articular nuevas alianzas alrededor del SMTMH y romper el aislamiento.

Hay toda una serie de reivindicaciones transitoria muy correctas que se plantean en el debate sindical y que obviamente apoyamos. Para enumerar solo algunas, estas van del pago puntual de las sumas que la EMH acredita de la Empresa Metalúrgica Vinto o por Certificados de Devolución Impositiva hasta la aplicación de una escala móvil de horas de trabajo, de inversiones para mejorar la productividad y concentrar el mineral de baja ley hasta el rechazo a los retiros forzosos, de la transformación del actual e imperfecto control obrero en una auténtica administración obrera de la empresa hasta la apertura de los libros de cuenta etc. Pero debemos ser conscientes que la partida por la solución de la crisis de la EMH no se resuelve exclusivamente al interior de la empresa.

El gobierno está tratando de atraer y concentrar capitales en la minería que sirvan a explotar todo el potencial minero de Bolivia y compensar la crisis de precios no solo en este sector sino también en él de hidrocarburos. Pero la idea de basarse en la participación de inversores privados, principalmente pero no solo multinacionales, para que introduzcan en la minería criterios de eficiencia capitalista es de lo más equivocado para conseguir estos objetivos. Empresas privadas y multinacionales que afronten crisis de precios lo harán siempre descargándolas, en primera instancia, sobre los trabajadores para obtener aumentos solo relativos de la productividad, es decir sobreexplotando la mano de obra. Tenemos ya experiencia de esto cuando, en años pasados, se extendió la jornada laboral en Sinchi Wayra. Solo centralizando la actividad minera, nacionalizándola bajo la planificación democrática de los trabajadores, se podrá enfrentar la crisis utilizando las plusganancias de una de sus ramas para reinvertirla en otras y llegar a explotar todo el potencial minero de Bolivia, en beneficio de los trabajadores y el pueblo.

¿Cómo recolocar el tema de las nacionalizaciones al centro de la agenda de la clase obrera boliviana? En primer lugar uniendo en un solo frente a todas las empresas nacionalizadas o en administración o cogestión obrera, desde Huanuni a Colquiri a ENATEX etc., para que estas sean no solo un foco de agitación sino también de organización unitaria de la batalla del movimiento obrero a lado del movimiento campesino por completar la revolución con el socialismo.

Los errores del sectarismointeriormina

No se trata evidentemente solo de enriquecer las consignas que se debatirán en estas elecciones y el periodo sucesivo, sino de la necesidad de un verdadero balance que llame en causa también las razones que han permitido al oportunismo ocupar el papel de dirección del SMTMH. Y estas tienen mucho a que ver no solo ni tanto con las arremetidas del gobierno, que fueron una consecuencia, sino con los errores del sectarismo que han llevado a muchos trabajadores a dudar de una dirección revolucionaria del sindicato y de su efectividad y reducido el debate político a una estéril polarización con eje en el MAS.

La arremetida del gobierno y del oportunismo fue el resultado que muchos temíamos de una huelga que no medía correctamente ni la realidad de la situación política, ni el interés de los diferentes actores y menos las consecuencia, es decir, en términos marxistas, una huelga aventurera. Esta táctica de choque es propia de los sectarios y de su desconfianza en las capacidades del movimiento obrero de ser el factor decisivo en la situación política. Como el gobierno, dicen, es un gobierno burgués, sirviente de las multinacionales y que ya no cuenta con un apoyo activo y crítico de las masas, hay que facilitar la ruptura de estas con el gobierno, provocando el enfrentamiento sobre un terreno que permita desenmascararlo, como fue el de las pensiones y del carácter parcial – aunque no propiamente gatopardesco (un cambio en que nada cambia) – de la reforma actualmente vigente. 

Hay muchos errores aquí, políticos y de método. En cuanto a estos últimos, incluso si estuviéramos frente a un gobierno realmente burgués o fascista, es decir basado en la sistemática y violenta liquidación del movimiento sindical y de las organizaciones obreras, una huelga general se proclama cuando existen las condiciones para ello: fisuras en el régimen, descontento acumulado tanto en la clase obrera como en los sectores “populares”, disponibilidad concreta a la lucha etc. Estas condiciones no son algo que se espera cruzando los brazos, sino algo que se construye con toda una actividad preparatoria y de agitación: asambleas en los sindicatos de base, conformación de comités que permitan a los cuadros obreros de ganarse apoyo en la juventud y la población y de medir sus fuerzas en otros contextos, etc.

El método revolucionario

El método de los burócratas es en cambio el de proclamar una huelga atribuyéndose el mérito de su éxito, o descargando la culpa del fracaso sobre “los sindicatos que no paran actividades”, como normalmente hacen en nuestro debate sindical. Este método burocrático sigue funcionando porque por otro lado se le opone un método sectario que supone que lo que es verdad para pequeños núcleos de vanguardia debe serlo para las masas también, y si así no es, si salimos con los huesos rotos, las masas entenderán de nuestros huesos rotos quien tiene la razón. Pero un brazo con yeso no es normalmente ni muy alentador ni muy significativo como prueba.

Para los marxistas el aspecto más importante en cada lucha particular es cuanto esta haga avanzar el movimiento en su conjunto, restituyéndole la experiencia viva de su fuerza y dejando entre los más activos la percepción de la necesidad de organizar mejor el combate. Esto porque ninguna conquista parcial puede ser defendida sin acabar con el sistema social capitalista de la cual ha sido arrancada, como la propia crisis de la EMH demuestra. Como es normal, aunque sea un discurso cerrado para los escépticos, las masas entran al terreno de la lucha cuando han agotado todos los otros caminos, y concentran sus esfuerzos por una transformación radical de la sociedad solo cuando aprenden por experiencia propia que el sistema en que vivimos le resulta insostenible. La superioridad del marxismo consiste en que se basa en la crítica científica del sistema capitalista demostrando su insostenibilidad a partir de sus propias contradicciones.

Este proceso en condiciones normales no se da de manera uniforme en toda la sociedad, sino que mueve al terreno político y de la lucha en diferentes momentos a las diferentes capas sociales y de la misma clase. Pero cuando las luchas de vanguardia fuerzan el choque a dinamitazos sin consideración por los diferentes niveles políticos que expresa el movimiento en su conjunto, inevitablemente se aíslan y condenan a todo el movimiento a tomar los caminos tortuosos que le imponen el no poder contar con la experiencia acumulada anteriormente. El método revolucionario no es el más contestatario sino el que se basa en una perspectiva amplia de consolidación de las fuerzas en conexión constante con el movimiento de masas.

La cuestión del MAS

Todo esto debe servir a poner en una luz diferente el debate político en torno al MAS. En las últimas elecciones un aproximado tercio o más de los electores de las áreas rurales y los principales centros mineros del país ha renunciado a su derecho al voto, ausentándose, anulando la papeleta o, sobre todo, dejándola en blanco en la franja uninominal. En esta reacción se combinan el rechazo al “viraje al centro” encarnado en candidaturas burguesas, de empresarios, latifundistas y viejos opositores de derecha en las listas del MAS, a los métodos criminales de muchos de sus dirigentes locales y al desplazamiento de las esferas de decisiones de sectores de las bases.

Pero el MAS se mantiene como la principal y más importante opción política de las masas obreras y campesinas en todo el país. Cuando los sectarios deben explicarse esto, nos describen un pueblo comprado con unas limosnas y prebendas que debe ser “concientizado”. Y cuando es la vanguardia obrera la que incorpora esta desconfianza en el movimiento de masas, esta se condena a la impotencia. El ascenso del MAS es, en primer lugar, el resultado del papel que este movimiento ha jugado en levantar y organizar la lucha contra el neoliberalismo. Las referencias al socialismo de sus dirigentes son un reflejo de las aspiraciones de obreros y campesino-indígenas que representan la base del proceso, una base con relación a la cual el gobierno nunca será realmente y completamente independiente. Entonces la pregunta es: ¿Cómo se pueden ganar y movilizar estas mayorías a un programa socialista?

Las masas aprenden de su propia experiencia. Solo en base a esta y en función a los objetivos que se han dado pueden aprender a comparar la política de los reformistas con la de los revolucionarios. Esto es el abc del marxismo. Así cuando tenemos a un movimiento campesino-indígena movilizado que busca a través del MAS la “descolonización”, es decir la autorepresentación autónoma (sin la mediación de las élites) de sus derechos, las vanguardias son tales si saben explicar a este movimiento en qué medida su autorepresentación es incompatible con el capitalismo, si saben plantearle las consignas que le permitan conseguir su objetivo visualizando una perspectiva socialista pero sobre todo si demuestran superioridad organizativa y teórica peleando junto a este movimiento las batallas esenciales para que su propio gobierno y su propio partido cumplan.

Este es en síntesis el método del Frente Único, de Lenin y Trotsky, que unos discursos formalistas no saben extraer de las condiciones específicas para las cuales fue elaborado. Para el marxismo de hecho la independencia sindical y política de los trabajadores no es un fin, que lo hace coincidir con su apartamiento de las condiciones concretas en que se desenvuelve la lucha, sino un medio para la conquista de las mayorías.

 ¡Derrotar al oportunismo, construir la alternativa!

En estas elecciones en el SMTMH pelearán cuatro frentes; uno del propio Montes y otro del compañero dirigente de la COB Trujillo, evidentemente interesado a las repercusiones que estas internas tendrán sobre el ente matriz de los trabajadores, un frente que plantea un apoyo condicionado al MAS sostenido también por una parte de la anterior directiva y otro conformado a partir de los compañeros impulsores del PT. La derrota de las corrientes oportunistas materializadas en los primeros dos frentes  que se proponen inmovilizar al movimiento obrero es el primer y más importante objetivo de estas elecciones.

El SMTMH representa hoy la síntesis y la suma de la tradición del sindicalismo minero y de su debate actual. Esta tradición y este debate son vitales frente a los retos que la crisis mundial y las contradicciones políticas acumuladas del proceso, preparan al movimiento de masas. El SMTMH volverá sin duda a ser un factor decisivo en este escenario político futuro. Lo hará con mayor fuerza y efectividad una vez que haya extraído, a través del debate, las más importantes lecciones de su propia experiencia de altibajos en la lucha, para ponerla en la perspectiva de la construcción de una alternativa basada en el marxismo. Este es el objetivo de nuestra contribución.