¡O Evo sin el cambio, o la vieja derecha, o la alternativa obrera del PT!

Volante que las y los compañeros de Lucha de Clases estamos repartiendo en células sindicales, colectivos juveniles y que esperamos difundir en el próximo ampliado de la COB.


 

COBSeis magistrados que suman cada uno entre 5 y 13 demandas desde el homicidio en hecho de tránsito hasta el uso indebido de bienes público e incumplimiento de deberes, no han fallado solo a favor de la reelección indefinida de todas las autoridades electas del país, oficialista y de oposición, sino también a favor de todas las medidas para cargar sobre la clase trabajadora y los derechos civiles y democráticos el peso del déficit fiscal, los recortes presupuestarios y la desaceleración económica en algunos sectores.

El TCP de hecho ha fallado contra las trabajadoras de La Paz Limpia, la concesión de bonos en todos los municipios, el fuero sindical y a favor de despidos con preaviso etc. Su misma revoca de la Acción Popular del Defensor del Pueblo contra los paros en salud no es una defensa del derecho de huelga sino un precedente que hoy autoriza el Ministerio a declarar ilegal cualquier huelga, so pretexto de la defensa del derecho a la salud, y mañana podría ser apelado incluso por empresarios a los cuales se le afecta el “derecho al lucro”.

La colaboración de clases entre la parte empresarial y la clase obrera bajo una dirección política única, se agota. Hay siempre menos que dar a nosotros los trabajadores para balancear las que se da al empresariado, y siempre más lo que se nos pide. Lo del doble aguinaldo, la anulación del proyecto de ley que, cumpliendo con un mandato constitucional, regulaba la recuperación de empresas en quiebra, ENATEX y la frecuente intervención oficialista de los sindicatos, son solo algunos ejemplos.

La situación no es mejor para compañeros comerciantes minoristas asfixiados por resoluciones del SIN contrarias a cualquier norma. El movimiento campesino y el Estado, en particular las FFAA, siguen representando los principales pilares de la fuerza del MAS. Sin embargo hechos como de Achacachi demuestran descontento también en estas fortalezas del MAS, debido a que la política de colaboración de clases frustra cualquier intento real de control social y participación política del movimiento campesino.

Por primera vez Evo obtiene un triunfo prescindiendo del movimiento de masas, aunque lo haga en su nombre. Inevitablemente esto hará del MAS un escenario de más pugnas por el poder, desligado y opuesto a las luchas sociales. El sentimiento de profunda injusticia que ha motivado la acción espontanea de plataformas ciudadanas y el fracaso de los comicios judiciales atestigua la polarización social y la crisis de autoridad, más aguda entre la juventud.

La única manera para revertir esta situación sería un profundo giro a la izquierda por la creación de empleos dignos y la afirmación de derechos sociales, políticos y laborales de la mayoría, lo cual, en el actual entorno económico, solo es posible con un programa revolucionario de nacionalización de las principales palancas de la economía y su administración democrática. Todo lo contrario del modelo burocrático en consolidación de la colaboración de clases que hoy persigue el MAS.

Gobierno y oposición apuestan a canalizar la crisis de credibilidad política en sus propios cauces. El MAS, despertando los apetitos de las autoridades opositoras interesadas a la reelección, busca retomar el control de la escena sacrificando la participación de masa a la política. La oposición, apartándose de las manifestaciones ciudadanas, busca imponerse a ellas como única alternativa viable al MAS. La injerencia imperialista, que una vez más hipócritamente no dice nada de la reelección impuesta a la fuerza en Honduras, busca aislar el gobierno boliviano para reemplazarlo o reducirlo a la condescendencia en desmedro de nuestras aspiraciones de justicia social.

La COB y todo el movimiento revolucionario no pueden esconderse detrás del dedo. La perspectiva realística actualmente es que en 2019 la elección sea entre un MAS profundamente desgastado y una derecha demagógica. Y de tener en 2020 un gobierno y un parlamento debilitados que vuelven a las viejas prácticas del cuoteo político.

Es el momento de relanzar en un Congreso la construcción de un instrumento político de la clase trabajadora, convocando la juventud y todo el movimiento revolucionario a construirlo y a dar una salida de izquierda a la crisis de la dirección del proceso. Solo la COB de hecho puede, y debe, vincular a un programa social la batalla democrática contra la injerencia imperialista y la perpetuación en el poder, evitando que la derecha acaparre la protesta.