¡Por un Encuentro Sindical y un programa de lucha contra el cierre de ENATEX!

Se veía venir: después del cierre de la Empresa de Construcción del Ejército, del ajuste anunciado en YPFB Chaco y del que, hasta ahora, redujo de casi un cuarto la nómina de trabajadores en Huanuni, el gobierno anunció el cierre de la Empresa Nacional de Textiles (ENATEX).

Es el fracaso del plan industrial de relanzamiento de la empresa, acordado el año pasado y que ya a su tiempo criticamos avisando que llevaría “a la muerte de ENATEX”. A los trabajadores se le pide hoy de pagar con la pérdida de su fuente de empleo por la ineficiencia administrativa, agudizada por la crisis, y todas las limitaciones del “proceso”. Los que cantan victoria son los neoliberales y los enemigos de las nacionalizaciones. Quien defiende el cierre de ENATEX como inevitable, se prepare a las consecuencias cuando este precedente sentado por el propio gobierno sea generalizado por los empresarios para descargar la crisis sobre la clase obrera.

P7 EnatexLa ministra Ramos que ha dado el anuncio ha justificado la medida por los altos costos laborales de la empresa en algunos casos “tres veces más de lo que puede hacer el mercado” y porque ENATEX “empezaba a competir con los productores”. Es la primera vez que se escucha que una empresa cierra porque “compite”. Es una durísima lección para todos aquellos que pensaban que la creación de empresas estatales funcionaria como reguladora del mercado laboral y puntal hacia el socialismo haciendo innecesaria la nacionalización de las principales palancas de la economía: en la medida que estas sigan privadas, las empresas estatales deben adaptarse a sus métodos capitalistas de gestión o sucumbir por completo.

Como se muestra en el gráfico elaborado por el diario paceño Pagina Siete, que expone el cierre de ENATEX en primera plana como testimonio del fracaso del gobierno, el verdadero y principal problema de la empresa ha sido el crecimiento exponencial de los inventarios, es decir: materia prima, productos en proceso y mercancía no vendida. Esto quiere decir que el problema de ENATEX no es la planilla laboral sino el escaso utilizo de la capacidad productiva y la falta de mercados.

Llegamos a esta situación después de que no fueron escuchadas en su debido momento las denuncias de clientelismo y corrupción de los trabajadores contra la ex ministra Teresa Morales y un plan industrial que, como dicho, eludía todos los principales problemas de la empresa en una imitación grotesca de la supuesta eficiencia capitalista.

La lógica general de la empresa capitalista es la extracción de cuanta más riqueza de los trabajadores a través de la constante innovación tecnológica. En las modernas corporaciones, donde la gerencia está separada de la propiedad, la competencia desenfrenada es agudizada por la búsqueda de rápidas ganancias de los accionistas. La estructura rígidamente jerarquizada de la empresa capitalista está entonces al servicio de los balances y los trucos contables para asegurar lucros inmediatos, y no de las necesidades sociales. Esto mismo es lo que hace de las empresas capitalistas las células de las crisis de sobreproducción en las cuales cíclicamente incurre el sistema.

Las empresas estatales viven en cambio una hibridez que las hace en determinados momentos insostenibles: el respaldo del Estado y la cercanía con el poder político las pone al reparo del juicio de los mercados, favoreciendo corrupción y clientelismo, mientras, al mismo tiempo, les impiden de beneficiarse de la competencia capitalista. La única manera para que sean realmente eficientes es convirtiéndolas en puntas de lanza de la transformación socialista de la sociedad y de la administración democrática de los obreros sobre la economía, en beneficio de las mayorías.

En vez de estar al servicio de las necesidades sociales, comercializando telas de calidad y buen precio para los pequeños artesanos y prendas económicas y de calidad para el pueblo, y así ir agotando los inventarios, se pensó contratar a una afamada estilista y desmembrar la empresa para reducir, multiplicándolas, sus pérdidas; en vez de utilizar la presencia en el mercado y las necesidades de materias primas de ENATEX para incentivar la asociación de los pequeños campesinos productores de algodón y lanas con una política socialista dirigida al campo, se ha ido liquidando la reforma agraria; en vez incentivar la participación obrera, se han ido despidiendo y reprimiendo las voces sindicales disidentes; y mientras se retrasaba la cancelación de los salarios a los trabajadores, el Estado seguía pagando un alquiler de 45.000 U$D a los viejos propietarios de AMETEX. Ahora se quiere cobrar la factura a los propios trabajadores, despidiéndolos. Esto es inaceptable e injustificado.

La única manera para defender la existencia de ENATEX y evitar que su cierre autorice más masacres blancas en la empresa privada, es pasando a la contraofensiva. Desde el sindicato de ENATEX, que ya está movilizado en La Paz, debe lanzarse la propuesta de un Encuentro Sindical de todas las empresas estatales y donde se anuncian ajustes, para organizar la lucha conjunta por la defensa de cada fuente de empleo y por completar las nacionalizaciones sin indemnización bajo administración obrera. Es el único camino para resolver positivamente las contradicciones de las empresas estatales en esta época de crisis.