Los embarazos precoces y la condición de la juventud

010842 600En Bolivia los embarazos en adolescentes son entre los más altos de América Latina, que, con la región subsahariana de África es donde hay más maternidades precoces. A diferencia de otros países – donde en los últimos años hubo una reducción – en el nuestro el fenómeno es en constante crecimiento. Se podría deducir entonces que el Plan de prevención anunciado por el gobierno es más que oportuno, sin embargo es fácil pronosticar su escaso impacto si no se afrontan en conjunto todos los problemas de la juventud.

Según los últimos datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), una de cada cuatro jóvenes (25%) entre los 12 y 18 años de edad son madres, un porcentaje que sin duda es aún más alto en las áreas rurales. En esta franja etaria hay 246 embarazos diarios y hubo aproximadamente 90.000 a lo largo de 2014. En 2008 la Encuesta Nacional de Demografía y Salud registró que poco menos de una cada cinco menores de 18 años eran madres: el incremento que se tiene está a contramano con las estadísticas que en América miden una reducción de un mínimo del -12%.

El Plan Plurinacional de prevención de embarazos en adolescentes y jóvenes lanzado hace pocos días por el gobierno se propone afrontar esta situación principalmente a través de la educación y la orientación. Se tiene previsto incluir la Educación Sexual entre las asignaturas del currículo pedagógico desde 2016, la creación de centros integrales de atención a la adolescencia, que además agilicen los abortos en los casos previstos por ley (violación o peligro para la madre) y finalmente campañas de sensibilización.

Un primer comentario es que en la presentación del plan no se hizo referencia alguna a cifras, presupuestos, lo cual invalidaría cualquier proyección futura. Si la introducción de Educación Sexual entre las materias de secundaria se hará sin presupuesto adicional o sin aumentos de la carga horaria, cosa que ni siquiera sería posible para la mayorías de los colegios urbanos que comparten infraestructuras, es fácil pronosticar que esta previsión quedará en papel o, peor aún, recaerá sobre la economía de las familias (como con las horas de computación) y/o la buena voluntad de algún profesor o profesora. Lo mismo con los centros de atención.

Dicho esto sin embargo la cuestión de fondo es que si bien está demostrado que la educación contribuye a evitar que el fenómeno aumente, está también demostrado que por sí sola la educación es insuficiente a reducirlo. Y todo lo que es insuficiente es, por definición, inadecuado.

Sorprende el tono de alarma de las autoridades que participaron a la presentación del Plan. Es cierto que embarazos precoces aumentan las posibilidades de contraer algunas enfermedades, sin embargo es el mismo gobierno que en el nuevo Código de la Niñez – que ya criticamos definiéndolo una barbaridad – ha establecido que las niñas y los niños puedan empezar a tener sexo a los 12 años, para que puedan empezar a trabajar a los 10 e ir a la cárcel a los 14. Es fácil recordarse que son niños cuando te lo recuerda un organismo internacional.

Hay mucha literatura científica sobre los embarazos juveniles que coincide en evidenciar estas causas fundamentales: pobreza y marginalización social, educación y patrones culturales. Adolescentes que por condiciones socioeconómicas saben que hacer planes a futuro está fuera de sus alcances, que no accederán ni a la universidad ni a un trabajo digno cualquier cosa hagan, están más expuestos. Está también demostrado que un embarazo precoz sirve a reproducir las mismas condiciones de pobreza de las cuales venían los jóvenes padres.

De patrones culturales ha hablado también el informe respectivo de la CEPAL, otra agencia de las Naciones Unidas, para explicar el mayor porcentaje de maternidades precoces en la población rural e indígena. Este patrón cultural es el que atribuye a la mujer el papel de “medio de producción” de las condiciones para la sobrevivencia. Para decirlo de manera brutal pero clara; para una familia campesina pobre es más fácil hacer un hijo para que ayude en el trabajo que comprar un tractor y esta presión social pesa como una roca sobre las mujeres, demostrando además que la condición de vida de estas no ha cambiado en lo fundamental.

En los países industrializados de Europa y Norteamérica el aborto es legal. Esto ha ido paulatina y drásticamente reduciendo tanto los abortos como los embarazos precoces, además de las muertes por aborto clandestino. En Bolivia este tema es tabú por aquellos mismos patrones culturales.

Lo bueno de haber planteado los embarazos precoces como un problema es hacer a un lado toda la hipocresía sobre la “bendición de tener un hijo” cuando está claro que padres adolescentes viven condiciones de marginalidad social a veces extrema. Pero afrontar este tema solo a partir de la educación, y con las limitaciones que expusimos, es muy poca cosa.

Para que nuestros jóvenes tengan percepción de su futuro se necesita que el acceso a la educación esté plenamente garantizado y gratuito desde parvulario hasta las maestrías, así como las posibilidades de empleo digno tanto para la juventud como para las mujeres, espacios de esparcimiento sanos y accesibles a todas y todos etc.

Todo esto demuestra también que la lucha de la juventud no puede ser sectorial; está estrechamente vinculada a la lucha de la clase obrera por el empleo y el salario, de las mujeres por sus derechos sociales, económicos y reproductivos, de los campesinos por condiciones dignas de vida y no de simple sobrevivencia. Es decir; la lucha de la juventud es lucha por la transformación revolucionaria y socialista de la sociedad, o no es nada.