La industrialización entre retrasos y un panorama desfavorable

La posibilidad misma de la industrialización es por las nacionalizaciones. Estas no resuelven automáticamente todos los problemas, pero sin nacionalizar no habría freno al saqueo de materias primas. En un país como Bolivia solo nacionalizando integralmente nuestros recursos podemos ponernos seria y realmente el problema de cual desarrollo queremos.

El proceso de industrialización arranca con tonos de triunfo que todavía no podemos compartir y sin un balance real de sus retrasos. Cuando se anuncia que Bolivia exportará GLP recordamos como se nos decía que Bolivia exportaría energía cuando tenemos un déficit en la producción energética que ha ocasionado una serie de apagones en el eje troncal.

Un balance honesto de los retrasos en la industrialización evidencia dos causas que todavía no se han removido: la corrupción y la confianza ciega en la posibilidad de negociación y asociación con las multinacionales. Recordamos todavía la corrupción en YPFB, Papelbol, Fancesa etc., así como los retrasos y el saboteo ocasionados en el Mutún por la multinacional JINDAL y en Karachipampa por la canadiense ATLAS. Sin expulsar a las multinacionales y sin un verdadero control obrero, ni la corrupción ni los retrasos serán superados definitivamente.

La industrialización ahora cae en un panorama que rema en contra. La caída de los precios de los minerales podría ser enfrentada solo acelerando en la metalurgia y garantizando las inversiones que mejoren el ciclo y la capacidad productiva. Inversiones que las multinacionales no harían en este panorama. Diferentes estudios demuestran que, para cumplir con la industrialización del gas y los compromisos de exportación, Bolivia necesitaría masivas inversiones en la exploración de nuevas reservas y doblar la producción diaria de gas.

Las dos multinacionales, PETROBRAS y REPSOL, que operan en los principales campos del país, controlan todavía el 67,7% de la producción de gas y el 76,6% de la producción de petróleo, condensado y gasolina natural (Fuente: MHE). El gobierno ha aprobado un decreto (1202) que incentiva la producción interna de combustible otorgando a las multinacionales notas de crédito fiscal que elevan sus ganancias de 10 a 40 dólares por barril, mientras YPFB licita áreas de explotación y vende a las multinacionales los estudios de exploración.

Un tercio de todos los ingresos por la venta de gas se gasta en importar combustibles, que es un negocio muy rentable para las mismas multinacionales. Por esto los incentivos tendrán pocos efectos reales en la producción mientras relegan a YPFB al papel de cajero automático para las administraciones locales y subastador de las joyas de casa.

El gas boliviano cubre entre el 35 y el 40 por ciento de la demanda brasilera. PETROBRAS anuncia en su página web millonarias inversiones para el Complejo Petroquímico de Rio de Janeiro, donde se producirían fertilizantes. En Brasil se acaba de descubrir una reserva de gas que haría ese país autosuficiente en 5 años, anuncia el ministro Lobao.

REPSOL acaba de sufrir la expropiación del paquete mayoritario (51%) que detenía en la argentina YPF. El gobierno argentino busca socios para la nueva YPF, pero las multinacionales ya declararon que no aceptarían congelación de precios. En Bolivia REPSOL ha presentado documentos que piden al gobierno revisar el contrato con la Argentina reduciendo los compromisos de exportación. Así REPSOL, jugando con la necesidad de combustible de Argentina y Bolivia, se interpone en las relaciones entre nuestros países.

El gas nos ha tenido al reparo de la crisis mundial. El 44% de todas nuestras exportaciones es gas para Brasil y Argentina. Brasil está reaccionando a la crisis con recortes y privatizaciones que lo hacen aun más dependiente de las inversiones extranjeras y aun más agresivo a la hora de generar las condiciones para favorecerlas. Argentina apunta a favorecer las exportaciones con una política de devaluación monetaria y de proteccionismo aduanero. Las repercusiones en Bolivia se ven en el caso del TIPNIS, los retrasos en la industrialización y en la agudización del déficit comercial manufacturero que tenemos hacia nuestros vecinos.

Persiguiendo en el dogma de la “nacionalización inteligente” asociada a las multinacionales se seguirán poniendo trabas a la industrialización. Completando la nacionalización con la expulsión de las multinacionales, Bolivia puede no solo acelerar el proceso de industrialización sino también evitar que nuestras necesidades sean utilizadas por las multinacionales como piezas de un ajedrez que juega contra la integración latinoamericana.