La escasez de azúcar y el parasitismo de la burguesía nacional

Porque la escasez de azúcar

Fuentes empresariales atribuyen la escasez de azúcar a factores climáticos que han afectado cosecha y siembra, falta de mano de obra, escasez de diesel necesario para el corte de la caña, contrabando. El Ministro de Hacienda Arce en cambio señalaba la influencia dañina de factores internacionales como la crisis alimenticia y medioambiental provocada por el capitalismo. Por su parte el Vicepresidente – en un encuentro del hace unas semanas con los productores azucareros del Oriente – lamentaba una falta de inversiones productivas en el sector y la necesidad de ampliar la frontera agrícola.

Lo cierto es que falta azúcar, cuyo precio ha pasado de los 125 bolivianos por quintal (aproximadamente 18 dólares) a 300 bolivianos el quintal (43 dólares). El gobierno ha anunciado la importación de 1,5 millones de toneladas de azúcar desde Brasil y Argentina países que a su vez han sufrido escasez de este producto durante este año y proyectan malas cosechas para el próximo. Para la importación de las primeras 36.000 toneladas desde Brasil se gastarán aproximadamente 20 millones de dólares.

La crisis mundial de alimentos

El Ministro de Hacienda tiene razón cuando culpa al capitalismo de la crisis mundial de alimentos. La especulación financiera ha jugado un papel importante en el aumento del precio del azúcar. Ocurre que grandes especuladores financieros apuesten en las bolsas valores sobre el precio que van a tener determinados productos en un determinado lapso de tiempo. Inmediatamente el precio real comienza a ajustarse a las apuestas de estos grandes especuladores. Estos especuladores no son más que grupos bancarios y fondos de inversiones – hasta los fondos de capitalización de los trabajadores – por lo cual si ellos pierden perdemos todos, si ellos ganan… ganan ellos y perdemos los demás.

Los mismos cambios climáticos, como correctamente señalado por Arce son culpa del capitalismo. Pero aquí hay que ponerse de acuerdo. Cuando decimos capitalismo decimos por ejemplo British Petroleum, la multinacional que provocó el desastre ambiental del Golfo de México, no hablamos de “consumismo” como si la culpa del calentamiento global fuese de los consumidores. Un trabajador que debe ir al trabajo debe utilizar un medio de transporte. No es su culpa si este medio de transporte – sea público o privado – contamina el medioambiente. Es culpa de la hegemonía de productores de autos y de petróleo si no estamos utilizando las tecnologías alternativas que ya hay para detener la emisión de CO2 en el atmosfera (al respecto véase nuestro informe sobre la Cumbre Mundial de Movimientos Sociales contra el Calentamiento Global).

Sin embargo estas aclaraciones del Ministro Arce no explican lo más sencillo; ¿Por qué hay escasez en Bolivia, país productor de azúcar? ¿Por qué las políticas gubernamentales de control de las exportaciones no han incentivado ni la producción ni la han orientado al mercado interno? ¿Por qué las importaciones de alimentos se incrementaron del 24% entre 2006 y 2009? El vicepresidente habla de falta de inversiones y de la necesidad de ampliar la frontera agrícola. Pero – como explicamos en un artículo anterior – la ampliación de la frontera agrícola en Bolivia es un hecho constante y bajo las actuales condiciones de propiedad y explotación de la tierra es justamente la causa de la desertificación del suelo y de los problemas ambientales en nuestro país.

La cadena productiva del azúcar

La  frontera agrícola de la caña de azúcar se ha ampliado de un 135% desde 2005, la producción se ha incrementado de un 155% pero el rendimiento en el mismo periodo se ha mantenido estable, de unas 50 toneladas por hectárea (datos INE). ¿Qué quiere decir esto? Que los empresarios azucareros conocen una sola manera de producir; ampliar la frontera agrícola, preparar el suelo con el chaqueo que es más barato pero a lo largo erosiona el suelo y lo hace improductivo, de tal manera preparan crisis como estas.

En Bolivia hay 6 ingenios azucareros, 5 en Santa Cruz y uno en Tarija. La siembra de caña ocupaba en 2008/2009 una superficie de aproximadamente 150.000 hectáreas. La zafra moviliza aproximadamente a 30 mil personas, de los cuales – según denuncias de varias ONG – hay unos 7000 niños y adolescentes, principalmente indígenas tanto de Oriente como de Occidente (Sucre y Potosí sobre todo). El hecho es tan conocido que los empresarios azucareros pueden salir a la prensa con un disgustoso paternalismo mientras entregan a los niños mochilas para ir a una escuela a la que no podrán ir mientras son explotados salvajemente. Solo el 9% de los zafreros recibe atención médica. El 25% de las mujeres entrevistadas por una ONG brasilera de derechos humanos declara que no le pagan o le dan menos de lo convenido. El Vicepresidente de un gobierno que ataca al capitalismo, que se dice descolonizador e indígena, debería reunirse con los zafreros no con sus verdugos.

¿Escasez?

Hace tan solo un año la producción de azúcar fue tan alta que los empresarios pedían al gobierno levantar las limitaciones a las exportaciones y ayuda en la búsqueda de mercados. Según datos del propio gobierno, citados por el Vicepresidente, este año la producción de caña habría sido de un millón de toneladas superior a las necesidades del mercado interno. Es cierto el aumento del precio de azúcar en los países vecinos aumenta el contrabando y hay comerciantes que acaparan para especular. Pero amenazar el pequeño especulador o el acaparamiento y el saboteo de los empresarios no sirve a modificar los problemas estructurales de la agroindustria boliviana que no nos permiten alcanzar la autosuficiencia alimenticia.

La realidad es que los empresarios azucareros – desde las limitaciones a la exportación de azúcar – han comenzado a reconvertir la producción. Según un estudio de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Empresas, entonces de conocimiento del gobierno, los empresarios azucareros han bajado a un 40% la producción de azúcar en tanto que subieron a un 60% la de alcohol, que tiene mercados internos e internacionales. Es la demonstración que el Estado no puede proponerse de reglamentar lo que no es suyo.

¿Qué solución?

Las importaciones de azúcar pueden aliviar la emergencia pero no resuelven el problema de fondo de una agricultura que daña el medioambiente y produce menos de lo necesario. Ni el problema de fondo de una cadena productiva que está marcada por la más salvaje explotación y orientada a intereses particulares en desmedro del interés general. La única solución a estos problemas es la expropiación de los ingenios azucareros en manos privadas y de los grandes latifundios, para que sean administrados respectivamente por los trabajadores y las cooperativas de zafreros, en el marco de un plan nacional por la autosuficiencia alimenticia y cuidado del medioambiente.

Debemos dirigir esta batalla prioritariamente en contra de aquellos sectores del propio gobierno y del MAS que no representan a trabajadores y zafreros, mas al contrario están vinculados a aquellos propietarios medianos, particularmente en el Oriente, que comercian con los empresarios y las multinacionales y no tienen ningún interés a expropiar sus compradores.

La organización nacional de fabriles en pasado se ha unido al coro del empresariado en contra de la prohibición a las exportaciones, expresando el miedo de los trabajadores de perder su fuente de empleo. No es este ahora el caso. Ahora los fabriles deben denunciar la especulación empresarial, proponerse la sindicalización de los zafreros, luchar por la democracia sindical interna en sus federaciones departamentales como Santa Cruz, de la cual se han apoderado los cívicos, y ganar las simpatías y la solidaridad del pueblo a la consigna de la nacionalización bajo control obrero de los ingenios azucareros.