¿Ya pasó la crisis económica? Y a Bolivia ¿le fue bien?

En las anteriores semanas [julio de 2009] el viceministro de Inversión Pública, Javier Fernández polemizó con la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL, agencia UN) la cual pronostica una caída al 3% del Producto Interno Bruto nacional (PIB, la riqueza producida) en el 2009. Fernández afirmaba la crisis para Bolivia nos afecta en la medida que bajen los precios de las materias primas. Si bien esos precios han bajado, se están recuperando y entonces no va a haber tantos problemas. Por otro lado el Ministro de Hacienda Luis Arce comentando la caída del 9,2% de las remesas (los giros de nuestros compatriotas que trabajan en el exterior que entran en la economía nacional) afirmaba tranquilo que nuestras finanzas no dependen de aquello, cuando en realidad este representa aproximadamente el 50% de las Reservas Internacionales Netas (RIN), es decir el dinero que se ha acumulado en los últimos años en las cajas del Estado gracias al aumento de las exportaciones y las propias remesas. Pues ¡todo bien entonces! La tempestad ha pasado y podemos estar tranquilos, pero nosotros los marxistas, acostumbrados al pensamiento crítico, nos preguntamos ¿Cuál es el mensaje de las autoridades económicas del gobierno? ¿Esta recuperación de la cual se habla es real?

Forma…

En Abril el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha publicado un informe en el cual revisaba a la baja todas sus anteriores previsiones afirmando que la crisis que vivimos es la peor desde la segunda guerra mundial. En este informe se pronosticaba un crecimiento para Bolivia del 2,2%, lejos del 5% augurado por el gobierno y lejísimo del crecimiento económico necesario para impulsar políticas efectivas de desarrollo y contraste a la pobreza. El FMI y la CEPAL son instituciones financieras internacionales que promueven una inquebrantable confianza en el capitalismo. Hasta enero de este año sus previsiones se movían en el marco de un relativo optimismo que los datos de la economía real han despedazado. En el primer trimestre del 2009 el PIB de EEUU ha caído de un 6,1%, en Japón de un 11% y en la Unión Europea de un 7%. La Organización Mundial del Comercio (OMC) prevé que el comercio mundial caerá a un 2% este año cuando sería necesario que se incremente de un 8% para sostener una leve recuperación de la economía. Obvio que frente a semejante situación todas las instituciones burguesas sean obligadas a aceptar la realidad de la crisis. Nuestro país sigue siendo todavía un país capitalista, aunque atrasado, donde la producción sigue controlada y sometida a las reglas del capitalismo también en aquellos sectores, como el gas, que han sido intervenidos por el Estado. De hecho pese a la nacionalización las multinacionales del gas siguen determinando los volúmenes de hidrocarburos producidos. Entonces las palabras tranquilizadoras de Ministro de Hacienda o del Viceministro de la Inversión Pública se traducen así: hay o ha habido crisis pero el capitalismo boliviano es sano. Es bastante singular que instituciones financieras burguesas reconozcan los efectos devastadores de la crisis y los técnicos y dirigentes de nuestro proceso de cambio al socialismo ¡defiendan el capitalismo nacional! Esto confunde las bases y puede provocar el alejamiento del pueblo trabajador que vive la realidad de la arremetida empresarial que pretende cargar sobre sus espaldas los costos de la crisis. Hay que modificar esta actitud, reconocer la crisis y hacer de esta la ocasión para educar nuestro pueblo a la necesidad de superar el capitalismo e introducir medidas que vayan en la dirección de profundizar hacia el socialismo nuestro proceso de cambio.

…y contenido

Los hechos son siempre obstinados y dicen más de mil palabras. Los indicadores económicos nacionales de la primera parte de este año contradicen de frente las aseguraciones de los economistas del gobierno. En enero las exportaciones bajaron de unos 170 millones de dólares, esta tendencia se ha ahondado hasta abril con la pérdida de un total de aproximadamente 700 millones de dólares y una caída del 29% en el valor total de las exportaciones. La caída en el solo sector de los hidrocarburos fue del 27% con una merma de 355 millones de dólares. Según el Instituto Boliviano del Comercio Exterior (IBCE) y la Cámara de Exportadores de La Paz (CAMEX) estos datos ponen en peligro ¡13.500 fuentes de empleo! IBCE y CAMEX son instituciones vinculadas a la oligarquía que quieren sembrar pánico, pero son también organizaciones representativas de los empresarios por lo cual sus amenazas son algo muy real. Hasta el mes de mayo se ejecutó solo el 15,4% de la inversión pública presupuestada, lo cual pese a la justificaciones oficiales se explica principalmente por la incertidumbre ocasionada por continuos recortes al PGN del 2009, determinados por los efectos de la crisis. Finalmente aunque se nos quiere tranquilizar sobre la buena voluntad de las multinacionales de acompañar como socios a la par el desarrollo nacional la realidad es que la inversión extranjera neta – en su mayoría orientada a los sectores de los hidrocarburos, minería y agropecuario – cayó de un 35% en la primera parte del 2009. Sin inversiones no hay recuperación, sin recuperación las tasas de crecimiento caen y miles de empleos están en vilo.

¿Una recuperación al horizonte?

Lo antedicho sería suficiente a justificar la necesidad de un giro profundo en la política económica que aproveche de la crisis del capitalismo para construir de manera firme una alternativa a este mismo sistema hambreador. En cambio como decimos antes hay fuentes gubernamentales que invitan a confiar en la recuperación de los precios de las materias primas en el mercado mundial como solución a las dificultades que vive el país. Hay realmente una recuperación – aunque floja – de los precios de minerales e hidrocarburos, pero nos preguntamos ¿se trata de verdad de señales que la crisis ya acabó? Para que el aumento de los precios de las materias primas sea duradero deberíamos contar con un aumento de la demanda y una general recuperación de la economía. Los volúmenes de gas exportado han subido de 30 a 40 millones de metros cúbicos diarios en el último mes pero solo porque el invierno – este año muy frio – hace aumentar el consumo de combustible domestico. De hecho en Brasil, el principal importador de gas boliviano, una reciente encuesta aclaraba como el 90% de las empresas ha despedido o quiere despedir trabajadores por la crisis. El precio del petróleo ha subido de 39 a 70 dólares en las últimas semanas, un aumento determinado por pura especulación financiera. Los mares están llenos de buques de carga llenos de petróleo que no se entrega por el miedo de provocar una caída de precios. La Agencia Internacional de la Energía preveía una caída del consumo diario de petróleo de 87 a 84,7 millones de barriles a principio de este año. Sin embargo la demanda mundial de petróleo ha bajado a aproximadamente 83 millones de barriles diarios frente a una producción diaria reducida a aproximadamente 85 millones de barriles diarios por un acuerdo entre los países productores (organizados en la OPEC). Si la demanda disminuye ¿Por qué el precio aumenta? Porque los mismos especuladores financieros que fueron el detonador de la crisis están jugando con el precio del petróleo, como puede averiguar cualquiera buscando en internet la palabra contango que es el término con el cual se indica esta actividad especulativa. Los gobiernos de los países avanzados están preocupados por este aumento ficticio del precio del petróleo porque esto modera y afloja la recuperación económica, con la consecuencia de aseverar la crisis. El leve incremento del precio de las materias primas no es entonces señal que la crisis ha acabado, al contrario echa sombras aun más obscuras al horizonte y demuestra como el capitalismo sigue sembrando barbarie y desastres.

¿Devaluar la moneda nacional?

La caída de las exportaciones bolivianas, muy pronunciada en sectores como la manufactura y la industria en general, provoca consecuencias potencialmente desastrosas. Mientras que las exportaciones disminuyen las importaciones se incrementan de un 50%, sobre todo porque el saboteo productivo de las multinacionales nos obliga a importar más combustible de Chile y Argentina. Este fenómeno erosiona las Reservas Internacionales Netas cuyo consistente monto ha permitido al país resistir al contagio financiero de la crisis mundial. Las organizaciones empresariales insisten en la necesidad de devaluar la moneda nacional para reactivar las exportaciones y hacerla más competitivas. Una devaluación del peso boliviano pero ocasionaría una perdida mayor del poder adquisitivo de salarios, rentas y bonos. El gobierno apostando como los especuladores sobre la recuperación del precio de las materias primas asegura que semejante medida no es ni siquiera tomada en cuenta. Sin embargo si la tendencia al aumento de las importaciones y la disminución de las exportaciones se acentúan pues la devaluación se haría casi inevitable bajo las leyes del capitalismo con consecuencias sociales desastrosas.

¿Qué alternativa?

Reiteramos: la única respuesta realística y efectiva a la crisis es utilizarla como ocasión para la profundización hacia el socialismo de nuestro proceso de cambio. Si se completase la nacionalización de los hidrocarburos pues podríamos aumentar la producción y poner un alto al aumento de las importaciones. Nacionalizando bancos y grandes empresas se concentrarían los recursos necesarios para industrializar el país y acabar definitivamente con el saboteo económico de la burguesía nacional y del imperialismo. El MAS y el gobierno deberían ver en el despertar de la lucha de clase que se expresa de un lado al otro del país la ocasión para involucrar a la clase trabajadora en el actual proceso. Una ley que impida cualquier despido en este momento y obligue a estabilizar los trabajadores a destajo, plazo fijo o eventual que representan un promedio del 53% de la fuerza laboral empleada en el sector privado y la definitiva abrogación del 21060 serian una señal fuerte en este sentido. Sin embargo parece todavía que los trabajadores y sus reivindicaciones sociales, como la Ley de jubilación por ejemplo, son recibidos con molestia como indebidas presiones. Incluir en cambio a los trabajadores y contar con su participación activa, consciente y determinante en los procesos de decisión sobre economía y política es lo que hace la diferencia entre el capitalismo y el socialismo comunitario que queremos construir.

Juliob de 2009