Qué significa y cuales consecuencias tendrá la caída de las RIN

Después de dos años de deterioro, las Reservas Internacionales Netas (RIN) se han reducido a menos de diez mil millones de dólares. La noticia, en la portada de todos los principales diarios del país, es utilizada por el empresariado como argumento a favor de dos puntos de su agenda: la liberalización de las exportaciones y la devaluación del boliviano frente al dólar.

Para que sirven y como se forman las RIN

shutterstock 17515543Un país que comercie con el exterior o se preste dinero de otros países en una moneda que no sea la suya, deberá poder contar con un medio de pago aceptado internacionalmente para solventar sus importaciones o cancelar sus deudas. Un Banco que no tenga suficiente liquidez no gozará de la confianza de sus clientes y sus cheques o letras de cambio no serán aceptados. Las Reservas Internacionales sirven esencialmente a todo esto: son los depósitos en moneda extranjera administrados por el Banco Central que le permiten respaldar la economía, las importaciones y defender la credibilidad de la moneda nacional.

El nivel de las RIN aumenta cuando las exportaciones son mayores a las importaciones, así que hay más exportadores que reciben dólares que importadores que necesitan dólares para traer mercancías del exterior; y cuando el flujo de capitales del exterior hacia Bolivia, por inversión extranjera, desembolso de créditos o remesas de emigrantes bolivianos es superior al flujo de capitales que desde Bolivia se va hacia el exterior.

Los $us 5.130 millones de pérdidas del nivel de las RIN acumuladas en 25 meses, desde diciembre de 2014 a enero de 2017, se debe al conjunto de estos factores: una disminución del valor de las exportaciones, principalmente de hidrocarburos, frente a un crecimiento ininterrumpido de las importaciones y un aumento exponencial de las transferencias de capitales al exterior con saldos superiores a los doscientos y trescientos millones de dólares en varios meses desde enero de 2015.

La “desdolarización creativa”

Uno de las principales componentes de esta “fuga de capitales” es el Fondo – RAL. El Fondo de Requerimiento de Activos Líquidos (RAL) reúne las reservas en moneda extranjera que las entidades financieras privadas están obligadas a depositar en el Banco Central, administrador del fondo. Entre 2012 y 2016 este porcentaje ha subido del 24,9 al 66,5 por ciento. Esto quiere decir que de cada 100 dólares que un cliente deposite a su cuenta, el Banco podrá disponer para créditos de 33,5 dólares, debiendo entregar 66,5 dólares al Fondo RAL del Banco Central. Como el Fondo está depositado en el exterior, está explicada la salida de capitales.

Seguramente los funcionarios del gobierno tendrían un sinfín de explicaciones técnicas y legales del porque en lugar de los aportes de los trabajadores para su jubilación no se utiliza el Fondo RAL para capitalizar el fondo para el agro, frenando así por lo menos en parte la erosión de las RIN. Pero más allá de cualquier explicación docta hay una razón política de fondo que reside en la voluntad, que este gobierno expresó incluso durante las nacionalizaciones (es decir en el momento de la confrontación) de no provocar a la burguesía nacional y las multinacionales, prefiriendo, en este y otros casos, desquitarse con el “aliado estratégico” de turno.

En el panorama progresista latinoamericano países como Ecuador y El Salvador han mantenido una dolarización total de la economía, para estabilizar los precios pero exponiéndose sin reparo a los vaivenes de la economía mundial. Argentina y Venezuela en cambio recorrieron el camino del control de divisas, generando un mercado ilícito para corruptos y especuladores. Aquí lo hicimos a la boliviana. Por esto se aumentó el Fondo – RAL, para que teniendo menos disponibilidad de dólares los bancos privados presten en moneda nacional. Por esto mismo se impuso que los cajeros automáticos dispensen billetes de 10, 20, 50 y 100 bolivianos, para que de los cuatro cortes de efectivo que dan desaparezcan los dólares, incentivando el uso de bolivianos. Y sin embargo ahora la ley de la dialéctica que todo se vuelve su contrario empieza a mofarse de la creatividad de los economistas del gobierno.

El que espera, desespera

La desdolarización de la economía tiene el propósito de fortalecer la moneda nacional, lo cual a su vez significa mayor libertad de maniobra para el gobierno frente a los organismos financieros internacionales, mayor posibilidad de inversiones públicas, renegociar la deuda exterior, ofrecer a la inversión privada nacional un país con una economía dinámica que incentivara la renovación del aparato productivo. Ahora pero aquellas mismas medidas para desdolarizar la economía contribuyen a que Bolivia tenga una posición deficitaria en el comercio exterior (véase gráfico del Instituto Nacional de Estadísticas) que deprime su endeble industria, y a la salida de capitales en desmedro de las RIN, lo cual a su vez ejerce presiones y expectativas de devaluación de la moneda nacional que incentivan una nueva dolarización.

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Si el gobierno liberalizara las exportaciones, como le piden empresarios y, sorpresivamente, también la COB, podría tener repercusiones sobre desabastecimiento e inflación. Si devaluara la moneda nacional para reducir las importaciones generaría desconfianza en ahorristas e inversionistas privados. Si se inventa nuevas artimañas, como intentó con la abrogación del Impuesto a la Venta de Moneda Extranjera (IVME), no funcionan. Si no hace nada, las RIN siguen disminuyendo. Esto es exactamente lo que ha ocurrido en los últimos dos años.

Así que el optimismo ritual del Ministro Arce se reduce a la esperanza que aumente el precio del gas y sus previsiones ante la crisis mundial significan agotar, mientras tanto, todas las posibilidades de endeudamiento del país para mantener la inversión pública. Sin embargo desde la panorámica internacional en un mundo que levanta muros y pone trabas al comercio mundial las recuperaciones son siempre más breves y pequeñas, mientras la crisis está al orden del día en cualquier momento. En el frente interno en cambio esta política expansiva ya no da, ni puede darlos, los mismos resultados: el año pasado, de hecho, creció la economía, pero también el desempleo. Esta es una señal más que el ciclo expansivo ha sustancialmente alcanzado sus límites.

La única manera para blindar nuestra economía es cortar de raíz la corrupción, la especulación y la ineficiencia en la asignación de los recursos nacionalizando sin indemnización y bajo administración obrera las principales palancas productivas, es decir bancos privados y grandes empresas. El gobierno reestructurado para concentrarse en asegurar la inversión privada, como exigido por Evo a sus ministros, va en cambio por otro lado, el de la conciliación con la burguesía nacional y las multinacionales, con el complementar rígido control sobre sindicatos y organizaciones sociales. La batalla para recuperar estas organizaciones a las necesidades del pueblo pobre y trabajador es la prioridad del momento.