El desorden mundial y el Banco de los BRICS

A los dos días después de coronar a Alemania campeón mundial de futbol en Rio de Janeiro, otra urbe brasilera, Fortaleza, ha sido la ciudad natal de lo que muchos ven como una potencial revolución y la puesta en marcha de la “democratización” de las instituciones financieras y políticas mundiales: el Nuevo Banco de Desarrollo de los llamados BRICS (acrónimo que agrupa a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).timthumb

El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) nacería con un capital inicial de 50 mil millones de USD para financiar obras de infraestructura y desarrollo, además de un fondo denominado Arreglo Contingente de Reservas (ACR) de 100 mil millones de dólares que financiaría las economías de países con dificultad de captación de capitales sin imponer los ajuste del Fondo Monetario Internacional (FMI). En términos estrictamente numéricos el NBD contará entonces con una capitalización equivalente a la quinta parte o menos de los organismos financieros basados en los EEUU (FMI y Banco Mundial) de los cuales se propone como disputante.

Varios analistas ya en puesto en duda el alcance del ACR como alternativa a las imposiciones del FMI. La función del ACR de recolectar y meter a disposición dinero a tasas de intereses de favor a los países que no estén en condición de pagar su deuda, se vería penalizada por los mercados financieros mundial sin las condiciones de rigor que garanticen el desembolso. Así la financiación de este fondo recaería sobre los socios del NBD: ¿podrían sostener este peso?

La crisis: el turno de los BRICS

Las expectativas sobre el NBD reeditan las del “desacoplamiento”, es decir la posibilidad de las economías llamadas emergentes de crecer en condiciones globalmente adversas, sustituyendo el papel mundial de los EEUU. Paradójicamente no son solo los gobiernos progresistas los que abrigan esta esperanza, sino también los propios organismos financieros del imperialismo. Como es costumbre reciente, la última publicación de perspectivas económicas del FMI revisa a la baja el crecimiento de la economía mundial, atribuyendo esta corrección a una “sobreestimación del crecimiento del grupo de los BRIC”. En las previsiones para 2015: Rusia entra en recesión (0,5%), la economía brasilera en un estancamiento profundo (1,4%), y la china volvería a los niveles de 2009.

Como siempre, lo que está ocurriendo es que los mismos factores del crecimiento en estos países se están volviendo en su contrario. Por ejemplo: la fuerte demanda mundial de materias primas, a la cual China contribuyó de manera determinante, se convierte ahora en sobreoferta. La demanda es débil y tomando en cuenta la caída de los órdenes industriales en países como Alemania, seguirá debilitándose. El petróleo está a sus mínimos desde 2010, mientras el crecimiento de la producción en EEUU y la competencia entre los países productores mantienen la tendencia a la baja. A seguir las materias primas agrícolas (soya, quinua, para citar las que nos interesan) como los minerales, se desploman de hasta un 50% menos de su precio durante el boom. La reducción de las políticas de expansión monetaria en los EEUU pone un freno a la movilidad de capitales cuyo flujo financió la emergencia de nuevas economías.

La crisis de hegemonía de los EEUU

El punto es que economías como la china, dependiente de sus exportaciones, o la brasilera, donde el flujo de capitales extranjeros es decisivo para financiar el déficit comercial y el endeudamiento público y privado, no pueden sustituir el papel mundial de los EEUU, pese a las hostilidades comerciales o geopolíticas con éste. Por ejemplo, para desplazar al dólar como reserva mundial del valor, la moneda china debería someterse a las reglas de mercado, apreciarse, es decir escapar del control de las autoridades chinas y de sus planes de expansión monetaria con los cuales tratan de hacer frente a los efectos de la crisis.

Hay una crisis de hegemonía de los EEUU. En un lugar tras otro el imperialismo es incapaz de contar con puntos de apoyo estables, y la mayoría de sus “voluntariosos” aliados codean para hacerse su propio espacio. La clase obrera y la opinión pública norteamericana no están dispuestas a meter sangre en aventuras militares para que el gobierno meta dinero en la economía. El billete verde ha aumentado su cantidad pero reducido su peso en porcentaje en las bóvedas de los gobiernos mundiales y también en el comercio. Un dólar más débil y más volátil pondría en riesgo la financiación del enorme déficit de los EEUU, que buscan apreciarlo, descargando la crisis sobre los demás. Pero el punto es que esta relativa crisis de hegemonía está lejos de avizorar un nuevo orden mundial más “democrático”.

Nuestra época

La fundación del FMI y del BM sancionó el surgimiento de la superpotencia norteamericana a las puertas de una época de robusto crecimiento económico, del que los EEUU fueron la locomotora. Hoy las condiciones son bien distintas. Más que a los organismos a los que pretendería “democratizar” el NBD se parece al Banco del Sur, creación de los gobiernos progresistas de América Latina, arrastrado en la crisis de los mismos, tanto que a la fecha no ha logrado financiar un solo proyecto, suscitando las críticas de Bolivia y Ecuador. Además, en un contexto que ve a los propios BRICS precipitar en el torbellino de la crisis, el NBD serviría más bien a exportar la agenda económica de los respectivos gobiernos, y en particular de China, que en la asimetría de este banco sería el más fuerte.

Cuanto esto sea emancipador para los países en desarrollo ya lo sabemos. Entre 2005 y 2013 el Banco de Desarrollo de China ha prestado 78,3 mil millones de dólares a los países de la región con mayor dificultad de acceso a capitales (como Argentina, Venezuela, Ecuador). Pero sus tasas de interés son más altas que las de otros organismos multilaterales, sus cláusulas incluyen la obligación de contratar empresas chinas y sus acuerdos son secretados. Prestamos “accesibles” que buscan abrir mercados, en una lógica imperialista.

Nuestra época está caracterizada por la inestabilidad, en las relaciones mundiales, económicas, entre las clases y las mismas personas. La combinación de estos factores políticos, económicos, ideológicos y hasta psicológicos es la crisis orgánica del capitalismo. Cuando a finales de los años ’60 y principio de los ’70 la misma inestabilidad del capitalismo mundial abrió situaciones revolucionarias en un país tras otros entre los más industrializado, la burguesía mundial pudo reponerse recurriendo a su riqueza acumulada y al apoyo de las direcciones reformistas, mientras el ejemplo de la URSS plasmaba la revolución colonial sobre el modelo estalinista de la burocracia, verdadero freno al desarrollo soviético. Hoy ninguna de estas condiciones está presente, pero la lucha por la emancipación mundial se alimenta de nuevos modelos, producto de la ausencia de una dirección revolucionaria de masa afianzada en la iniciativa independiente del proletariado. Hay que levantarla, volviendo a Marx. El nuevo orden mundial será socialista, o será barbarie.