La deuda argentina y los fondos buitre

 

Los capitalistas defienden sus intereses en los tribunales de Nueva York y con la policía/gendarmería en puerta de fábrica

El conflicto que hoy atraviesa la Argentina en relación a los fondos buitre (que no aceptaron la quita de la deuda pública en 2005 y exigen cobrar el 100% de la misma, cuando se la habían comprado a pequeños acreedores a precio vil) y las presiones del imperialismo, se han convertido en el centro de la escena política en pleno mundial de fútbol, reviviendo el debate acerca del problema de la deuda externa y sus consecuencias.

En primer lugar, debemos repudiar de manera contundente la prepotencia con la que el poder económico imperialista intenta someter a nuestro país al intentar empujarlo hacia una suspensión de pagos técnica y a la confiscación de los fondos necesarios para cubrir la demanda de los especuladores financieros. Son inaceptables las pretensiones de un sector del establishment, que opera en clara violación a la soberanía nacional, buscando aleccionar a los países deudores del resto del continente, e incluso a países europeos que pronto deberán reestructurar sus deudas. Nos encontramos ante una división entre diferentes facciones capitalistas. La ONU, con sus declaraciones de apoyo al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (CFK), expresan la voz de aquellos que acordaron con la negociación de la deuda y con la quita de algo más del 50%. Tan solo ante la idea de no cobrar, el sector mayoritario aceptó la negociación.

Con esta escena planteada, el gobierno salió rápidamente a repudiar a los fondos buitre, anunciando que no se sometería a las pretensiones  de una parte del poder económico, personalizadas en el juez norteamericano Thomas Griesa.

Rechazando el pago a los buitres que no ingresaron al canje del año 2005 en las condiciones que lo ordenó el juez Griesa, y convirtiendo el enfrentamiento judicial en una causa nacional, el gobierno, en parte, recupero la iniciativa política y fortaleció su imagen entre su base social. A esto se suma la cuasi anulación de la oposición de derecha que se encuentra en una posición muy incómoda debido a su postración frente al imperialismo y que se ha limitado a atacar al gobierno centrándose en su impericia como negociador. El resto del empresariado ha cerrado filas con el gobierno de CFK en cuanto al pago de la deuda y su negociación.

Lo que sí ha quedado claro en la actitud cipaya de los representantes de la derecha del PRO, del Frente Renovador o del FAUNEN es que en caso de ser gobierno hubiesen acatado la orden tal cual fue dictada, y sin presentar menor resistencia. Sólo la propia postura que el gobierno adoptó y la aceptación que ésta despertó en la población es lo que impidió que exijan a los gritos cumplir con los mandatos de los especuladores, así vemos una oposición liberal que debe camuflarse y moderar su discurso para no quedar a contramano.

Fue un punto a favor de la oposición que la maquinaria mediática oculte convenientemente que entre sus filas se encuentran quienes abultaron criminalmente la deuda externa en beneficio de las corporaciones.

Deuda eterna

En este agitado contexto, el gobierno ha decidido negociar con los buitres para conseguir una solución que implique un pago en bonos y con una quita, continuando con su política de pagar a los acreedores internacionales.

Desde la Corriente Socialista Militante rechazamos el pago de la deuda externa por considerarla ilegal, inmoral, ilegítima y fraudulenta, como lo declarara el juez Jorge Ballesteros en fallo firme en el año 2000, y en cuyas conclusiones agregara:

“La deuda externa de la Nación ha resultado groseramente incrementada a partir de 1976 mediante la instrumentación de una política económica vulgar y agraviante que puso de rodillas al país a través de los diversos métodos utilizados, que tendían, entre otras cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados –nacionales y extranjeros– en desmedro de sociedades y empresas del Estado”

Esto nos visualiza que la estatización de la deuda privada llevada adelante por el entonces titular del Banco Central (BCRA) y luego Ministro de Economía menemista y de la Alianza, Domingo Cavallo en 1982, significó una de las mayores estafas que sufrieran los trabajadores argentinos y a través de la cual el imperialismo y sus organismos financieros aumentaron su férreo control de la economías local en complicidad directa con la burguesía y la oligarquía criolla y sus representantes políticos.

En nuestro país quienes transfirieron sus estafas y quebrantos al Estado fueron Bank of Boston, Chase Manhattan Bank, Bank of América, Deustsche Bank, City Bank, Banco Galicia, Banco Rio, etc. o multinacionales como Esso, Fiat, Mercedez-Benz, Ford, IBM, y empresarios locales como Pérez Companc, Fortabat, Techint y Grupo Macri, entre otros.

¿Qué alternativa?

Creemos que el argumento que esgrime que el no pago de la deuda es algo irreal, no considera que lo que no es real es obligar a millones de trabajadores y jóvenes a pagar lo que no tienen por una deuda que no contrajeron y que por su perverso mecanismo nunca terminará de ser pagada en su totalidad. Debemos reflexionar que cada peso o dólar que se utiliza para pagar la deuda externa se exprime del sudor, las lágrimas y la sangre de millones de trabajadores argentinos.

Deberían en todo caso ser los empresarios y sus corporaciones las que respondan con sus capitales los costos de una deuda que es fruto de sus estafas.

Cualquier gobierno que se mueva dentro de los márgenes del capitalismo se encuentra soldado a sus leyes inexorablemente, más allá de las intenciones que éste tenga, y es esta la pared con la que choca el gobierno kirchnerista. Sobre todo, cuando en este preciso instante el mismo capitalismo se encuentra atravesando una crisis orgánica reflejo de su etapa de decadencia, y cuyas consecuencias se ven en un mundo altamente convulsionado donde los economistas burgueses hablan de 20 años de ajuste y austeridad contra la clase obrera en los países del centro y la periferia.

La intención de construir un capitalismo humano va a contramano de la realidad, los capitales no tienen intereses humanitarios sino intereses puramente económicos que nos muestra que la codicia no es una categoría moral, sino una categoría económica que funciona como motor del capitalismo.

No se puede convencer a los capitalistas de que tengan un grado de codicia limitado, aceptable o de acuerdo a las necesidades del país, ya que como categoría económica la codicia es irrefrenable.

Es por eso, que sólo un camino queda por recorrer para saldar de manera verdaderamente real el eterno problema de la deuda externa que actúa como un lastre fenomenal en la economía de nuestro país: Romper radicalmente  con el capitalismo y el imperialismo. Cualquier otra solución sólo significará pan para hoy y hambre para mañana.

El desconocimiento de la deuda como primera medida debería ser acompañado de un fuerte llamado a la movilización popular, a la solidaridad de los pueblos de América Latina y de la nacionalización de los resortes fundamentales de la economía, avanzar en el monopolio del Comercio Exterior, en expropiar a los terratenientes y a los grandes bancos mayoristas y establecer una Única Banca Estatal.

Sólo un plan de producción común, bajo control obrero, es la única manera de movilizar el colosal potencial de la industria, la agricultura, la ciencia y la técnica en beneficio de los únicos que producimos la riqueza: los trabajadores.

Algo nos debe quedar bien claro. Resolver el problema de la deuda es resolver el problema del capitalismo.

Es por eso que, para enfrentar a los buitres extranjeros debemos enfrentar a sus socios menores: los buitres locales. Ya que el enemigo del pueblo argentino no solamente son los capitales norteamericanos, está la oligarquía argentina cuya incapacidad orgánica mantiene históricamente al país en el atraso y la dependencia.

Consideramos que son estos debates en los que la militancia kirchnerista, junto a los sectores honestos de la izquierda y demás sectores progresistas debemos avanzar, en perspectiva de conformar un espacio político de frente único que nos permita enfrentar de manera eficaz los ataques del imperialismo luchando por construir una soberanía financiera al servicio del pueblo, y que de una vez por todas arroje a los que lucran con el hambre del pueblo al basurero de la historia.

Debemos darnos espacios de participación política común con el objetivo de sostener y profundizar lo conquistado en los últimos años y abortar los proyectos de la burguesía, tanto de la que busca imponer el retorno al neoliberalismo a través de la oposición como la de aquella que busca hacer desandar el camino de la mano de Scioli.

Deseamos fervientemente, que estas discusiones contribuyan a fomentar un debate, que se traduzca en acción política,  en cada grupo de base, en cada sindicato, lugar de trabajo, centro de estudiantes, centro cultural, en cada universidad, en cada barrio, en las manos de cualquier militante y en todo lugar donde estas ideas lleguen.

Súmate a la Corriente Socialista Militante a construir y fortalecer esta propuesta.